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Archive for the ‘literatura’ Category

Cuando la araña maulla

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Cuando la marca que gastas de galletas o chocolatinas o cualquier otro producto anuncia que va a cambiar el envoltorio de sus productos, lo recomendable es comprobar que el cambio no haya supuesto un adelgazamiento de la chicha. Suele ser uno de los trucos más viejos del libro, el paquete tiene otro diseño, ocupa lo mismo, pero se han perdido 100 gr por el camino sin reducción de coste asociada.

Los periódicos no son otra cosa que productos, y también la metieron doblada cambiando información por opinión. La multiplicación de medios, la disminución de los ingresos tanto por venta como por inserción publicitaria y la conveniencia están detrás de la explosión de la opinión, como el aceite de palma, es tan barata y tan versátil que cuesta encontrar productos que no lo incluyan.

La ventaja de opinión ya se ha comentado, es maleable, flexible y puedes contratar a tus amigos. Por ejemplo, si eres el jefe de la redacción y un poco culé al día siguiente de que el Madrid gane la copa de Europa puedes decirle a otro culé que hable de que los triunfos deportivos no ocultan el perfil mafiosillo de Florentino. Si, estas admitiendo y recogiendo el hecho noticiable y no se te puede acusar de faltar a la verdad, pero lo haces para darle el enfoque que te sale del cipote, que es lo que cuenta, todo ello a costes bajos. Además la opinión fideliza mas que la monda y lironda realidad, el lector entra a leer a quien le cae bien (que viene a ser el que piensa como el) o al que repudia (lo contrario) mientras que la información pura y dura es eso, información, incolora, insabora e insípida.

Esta profusión ha traído una cierta democratización al asunto. No hay tanto personaje con opiniones reseñables como para llenar todo, por eso aparecen perfiles de todo tipo, desde presentadores de televisión a músicos ni siquiera de primera fila, como las narices sobra decir, todo el mundo tiene una. Si antes competían gentes ilustres que salvo excepciones sonadas procuraban no pisarse la manguera, ahora se pone a competir a profesionales consagrados con advenedizos o gente de perfiles mucho menos nobles sin que los primeros necesariamente ganen, muchas veces ni tienen opiniones más interesantes o ni siquiera se expresan mejor.

Otro efecto derivado es la necesidad de llamar la atención. Ahora, a diferencia de cuando eramos analógicos, no basta con ser Don Fulano, ganador del premio literario de la piruleta, para que la gente te haga caso. Ahora puedes publicar algo y comprobar en poco tiempo el grado de respuesta y si no interesas, no interesas, puedes tener un curriculum florido, pero si no generas clicks tarde o temprano tendrá consecuencias, ya no hay barra libre para la disciplente intrascendencia.

Una de las herramientas para el opinador attention whore que ya comentamos es el sostrismo, es decir, la gañanada con efecto, que no deja de ser una forma de la provocación. Otra forma de provocación igual de fácil es meterse con colectivos de tradición beligerante, de los que sabes que van a responder y que van a encontrar otros opinadores que entren al trapo para montar un circo mediático con tuiters para arriba y para abajo de defensores y atacantes. Para lograr alboroto solo hay que meterse con feministas, gays, amigos de los animales, veganos o atentar contra la razón y defender que las vacunas generan autismo si a uno no le importa exponerse como idiota en el proceso.
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Lo importante es que cuanto mas activos sean los grupos a quienes pisar el juanete mejor. Por supuesto uno no puede caer en el insulto simple, debe exponer, de manera más o menos razonable, una postura que admite como políticamente incorrecta, pero fundamentada. Incluso la opinión puede ser perfectamente valida y cierta, pero entonces para lograr el efecto hay que seleccionar el momento en el que lanzarla antes de sentarse y disfrutar de la algarabía generada en medios y redes, que, al igual que la lucha libre, o las riñas de telecinco, no dejan de ser ficción, carecen del menor efecto en el mundo real y que solo sirven para mantenernos en estado de permanente cabreo inofensivo (distrayéndonos eso si de otras cuestiones de mas enjundia).

Un ejemplo lo tenemos esta semana con Marias, a quien se le ve ultimamente bajando demasiado al lodo como para pensar que son torpezas casuales y que parece querer apropiarse de otro termino de moda, pollavieja cuestionando la calidad literaria de Gloria Fuertes. En primer lugar no existe un baremo preciso para medir la valía literaria de nadie, menos aún si hablamos de poetas por lo que cualquier intento de rebatir estará condenado a ser inútil. Pero estoy de acuerdo en que Gloria Fuertes no jugaba en la liga de Miguel Hermandez o Rosalia de Castro. Mi argumento es simple, si hay una cosa jodida de ocultar, menos en un personaje público aunque se escude en una caricatura, es el talento: si Gloria Fuertes hubiera sido la polla en la poesía (observese mi poderío literario), simplemente nos habríamos enterado. La búsqueda de talento literario en gente insospechada es un deporte tan practicado que se ha llegado a encontrar en alguno que ni lo había olfateado.

Por tanto coincido con Marias, nadie le hizo luz de gas por su condición de mujer o lesbiana o ambas. Pero que eso me parezca evidente, no quiere decir que me parezca relevante, quiero decir, ¿cual es la necesidad de señalarlo? ¿que gana diciendo Marias que Fuertes era una poeta de segunda?, ¿tanto le escuecen los halagos que esta recibiendo en su centenario? ¿Se imaginan a Cristiano Ronaldo diciendo que Carmelo era un futbolista mediocre?, e hilamos más fino, ¿cual es la necesidad de opinar sobre ello en un clima de feminismo enfurecido que el mismo ha atizado y en la semana del orgullo gay?, y en las respuestas a esas preguntas todo queda clarificado, el sabrá si es mero entretenimiento mezquino o la cosa le sale a cuenta.

Written by Anónimo

junio 26, 2017 at 10:18 pm

Formas de volver a casa – Alejandro Zambra

with one comment

Con el paso del tiempo uno desarrolla sus prejuicios lectores. Un prejuicio no es más que un atajo con el que tu cerebro, de naturaleza perezosa, trata de ahorrarse tener que procesar de algo donde reconoce patrones. Por ejemplo, si uno ha tenido malas experiencias con 5 pelirrojas, el cerebro desaconsejara probar con la sexta. Por supuesto la sexta puede ser el amor de tu vida, el cerebro no es adivino, solo da consejos basados en patrones anteriores.

Mis prejuicios lectores no son muchos, pero abarcan bastante. Por ejemplo, no leo zafonadas, no leo novela histórica, quemaría en una chimenea si tuviese cualquier novela de la guerra civil, y no leo literatura sudamericana contemporánea. Manías.
Mi opinión es que desde la segunda mitad del siglo pasado, con leer a los grandes nombres (Borges al que se puede colocar en cualquier espacio temporal, Cortazar, Garcia Marquez, Rulfo y cuatro más entre los que NO está Bolaño ni por asomo) es suficiente. Ello no es impedimento para que cada cierto tiempo la industria editorial insista en colocarnos al siguiente fenómeno editorial , la literatura sudamericana sigue teniendo predicamento, o igual simplemente tiene mercado.
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Leo a Zambra después de que un tuitero diga que con un libro suyo ha vuelto a esa costumbre tan entrañable de anotar frases o párrafos de un libro que nos gustan. Pienso que tengo un archivo lleno de citas en algún sitio, aunque imagino que esta en diskette y el formato word perfect, que chanaba mucho mas que el word, asi que creo que seria complicado recuperar aunque tampoco lo creo necesario. La trapera a la memoria ha hecho su efecto y me dispongo a leerlo, si uno no puede fiarse de un tuitero anónimo, en que mierda de mundo vivimos.

A las 10 paginas comprendo el error. Es la misma mierda de siempre. No se entienda mal, como puede esperarse está bien escrito y todo eso, solo que es la enésima revisión de los mismos lugares comunes, empeorado por el estigma de pertenecer a la generación nocilla mención a Chespirito incluida. Misterio de tres al cuarto que no pasa de malentendido, el peso de las dictaduras, narración a granel del bote de escritor sudamericano, lo mismo de siempre. Uno tiene la molesta sensación de estar tragando comida masticada por otro. No hay sabores nuevos, no hay una voz propia ni sorpresas, todos los trucos son de dominio público y desde hace tiempo. Es literatura tributo, apañada, con buen dominio del escenario pero copiada y deudora de un universo cerrado y demasiado reconocible.

Al menos es breve.

Written by Anónimo

mayo 11, 2017 at 9:23 pm

El sostrismo.

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Del panorama periodístico actual se pueden afirmar varias cosas sin temor a equivocarse. Sobran medios de comunicación, sobra opinión y es imposible darle un repaso a la prensa sin tener la noción de que todas las cabeceras tratan de colarte alguna bola.

La sobreabundancia de columnas no hubiera supuesto un problema en el pasado. Nadie sabia cuantos lectores leían a quien. Umbral te podía colocar 500 palabras sobre sus peripecias tomando el te con pastas con la marquesa de turno (bastaba leer un par de lineas para saber si te estaba metiendo relleno) y quedarse tan pancho. Ahora esas métricas existen, son bastante precisas y no respetan las canas. Gente como Marias podrá seguir compartiendo sus manías de viejo o sus fobias, también de viejo, hacia los nuevos partidos porque coloca sus libros en el paquete, pero otros no lo tienen tan sencillo. De ahí la necesidad de llamar la atención de algún modo directo.

Un pionero fue Sostres. El sostrismo es algo sencillo de explicar. Se meten varias gañanadas que aseguren el mosqueo de uno o varios colectivos, como “el castellano es un lenguaje de criadas”, alusiones a las jóvenes prepuberes, el gusto por las tetas gordas pero, a la vez, se meten claves para, una vez conseguido el troleo, darle la vuelta al calcetín y descubrir un propósito irónico o parodio en el escrito. Sostres no es un subnormal, el subnormal es el lector que no comprende la lectura. Uno incluso puede entender el truco sostriano, las pistas deben ser accesibles y seguir sin verle ni puta gracia al asunto. Da igual, el autor ya no aceptara ninguna disension, si uno no se rie, es que no entiende la gracia. Asunto cerrado.
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Llama la atención que Reverte le este dando en los últimos tiempos al sostrismo mas vulgar. Vale, vivimos tiempos idiotas donde a cada comentario aguarda un colectivo para enarbolar una queja, algunos con razón, otros aludiendo al sexismo barbijaputa, es decir, idiota. Pero ello no debería ser motivo suficiente. Puede que haya sido devorado por el personaje (cada vez es mas complicado distinguirlo de sus parodias), o puede que este enganchado al tema de la interacción social y piense que el troleo es el modo natural de desenvolverse en esos barros.

Lastima que llame mas la atención troleando al personal (bastante sencillo de trolear) que por sus libros, a cual menos interesante en los últimos tiempos. Aunque puede que eso también eso le importe un cojon y haya aceptado que no hay nada que hacer en estos tiempos de la infamia salvo divertirse mosqueando al respetable, triste su actitud en cualquier caso.

Written by Anónimo

mayo 9, 2017 at 10:27 pm

Adaptar la Torre Oscura

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El señor de los anillos ha llegado a la cultura popular en una sucesión de oleadas desde el momento en que se publicara. Su influencia, directa o meramente conceptual es clara en la mayoría de las sagas fantásticas publicadas desde la segunda mitad del siglo XX, desde el Gormengast (opuesto) a las Crónicas de hielo y fuego. Es difícil, sino imposible, encontrar autores que trabajen la fantasía que no se hayan visto tentados a emular a Tolkien saga al canto.

Una de estas oleadas golpeó la cultura popular americana de los 70. Un joven Stephen King, aún lejos del autor que vendería hasta catálogos del wallmart con su firma, decidió crear su saga. Tenía un propósito y un poema seminal, Childe Roland a la Torre Oscura llegó, del autor Robert Browning. solo faltaba todo lo demás. Tolkien no quería caer en la emulación y volver a sacar de la chistera elfos, magos y hadas, y en la búsqueda estaba cuando frente a una pantalla de cine el Eastwood de Sergio leone se le apareció como Conan aquella noche de tormenta a Robert E Howard para decirle, Stephen, yo soy la épica americana.

Ese es el origen de la Torre oscura, un batiburrillo de ideas en torno a un eje central: el personaje totémico en busca de la torre oscura. El proyecto, ambicioso, sobrepasaba las capacidades (y necesidades económicas) del joven King y se fue dilatando en el tiempo mientras otras obras tomaban prioridad. Los cuatro primeros volúmenes se reparten en 20 años y están trufados de influencias de lo más diverso, el señor de los anillos, la leyenda artúrica, el mundo de Oz, el spaghetti western… pero, también y en lo que pasó de ser una broma interna a ser algo principal, referencias al resto de la obra de King. La torre paso a ser la constante, una obra que vertebra el resto de su producción, algo que no esta claro que fuese inicialmente pensado asi pero que terminó siendo un deleite de los King adictos rastreando cruces.
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El proyecto nunca tuvo un desarrollo muy fluido, fluido su modo, ya que el autor es conocido por su prolijidad, los primeros libros, los buenos, los genuinos,se espaciaron en el tiempo ademas por otro motivo admitido por King, no saber por donde tirar. Una camioneta en su camino (o al revés) aceleraría el final, en apenas un par de años King llevaría por fin a Roland a la torre huyendo del miedo a la pelona. Esta premura afectó a la narración, todo es más heterogéneo, desordenado, a veces gratuito, forzado, menos madurado y en definitiva, peor,aunque preferible a la alternativa de dejarla inconclusa.

Adaptar la Torre oscura al cine hubiese sido imposible hace unas décadas, cuando aun imperaba el criterio narrativo en la industria. Por definición incluye todo lo que una productora debe odiar, saltos temporales, diálogos políticamente incorrectos, mundos paralelos, personajes de otras obras, flashbacks tan largos como un libro y ni siquiera es una de las obras mas conocidas o mejor vendidas del autor (es mas, parece una obra destinada a ser un chiste interno con el fan). Nadie hubiese adaptado la Torre Oscura y la prueba es que nadie lo hizo. Solo hay una razón que se me ocurre para haberlo hecho, y es la desesperada búsqueda de franquicias para explotar por el hollywood actual, que comienza ver como el cine de spiderman acusa agotamiento.

Aquí entramos en los dilemas de cualquier adaptación. A ese respecto no soy un talibán de la fidelidad, me basta con que una adaptación o bien respete el espíritu de la obra sin hacer concesiones gratuitas, o bien sea una reinterpretanción tan cojonuda que supere la obra original. Ejemplo de adaptación que respeta con fidelidad el original y lo engrandece, El nombre de la rosa. Ejemplo de adaptación que tira por otro camino pero que respeta la esencia (intrigas palaciegas y espadas), Juego de Tronos, Ejemplo de adaptación que no respeta el original pero que es una obra maestra en si misma, El resplandor. Ejemplo de concesiones idiotas y gratuitas, poner a Blanca Portillo como Bocanegra (vale, toda la película es un mojon). Cine o televisión son caminos narrativos diferentes a los libros, y hay limitaciones que no existen en un texto. Por ejemplo, contratar mas temporadas a Ciarán Hinds es mas caro que contratar por mas temporadas a Kristofer Hivju

Por lo inadaptable de una saga tan bastarda y poco consistente hasta el lector más optimista de la Torre esperaría licencias narrativas, y puesto que al único actor capaz de interpretar a Roland se le ha pasado el arroz hace décadas igualmente la decepción con la elección era anticipable. Del trailer recién estrenado se puede decir que las perspectivas más nefastas se ven confirmadas. Elba, uno de los mejores actores del momento, no tiene nada que ver con el pistolero, con su hieratismo, con la nobleza impertérrita de un hombre encadenado a una obsesión debe desprender. El mundo de la torre tiene mas que ver con el escenario de la ultima aventura de los X men que con el de las novelas. Queda ver si, y seria una sorpresa, la nueva torre presenta algo diferente a la original, de no ser así, habrá que preguntarse si le merecía la pena a King vender su alma por unas perras o si tanta era el ansia de llevar la torre a la pantalla aunque eso sea la torre.

Written by Anónimo

mayo 9, 2017 at 9:58 pm

Adeu Sant Jordi

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A propósito del Sant Jordi, Andreu Martín envió una carta abierta a El periódico manifestando su renuncia a participar en tan emotivo evento. Lo de solucionar las mierdas del personal a base de cartas abiertas al mundo es un asunto que tal vez convendría tratar, o al menos, investigar para saber a cuenta de qué sale esa entrañable costumbre tan nuestra.

Andreu, del que no tengo el placer de haber leído nada, renuncia (muy sentido eso si) ante lo que considera que se ha convertido en una verbena, de una fiesta del libro y la cultura se ha pasado a un reality telecinquero con la excusa de facturar libros, y el personal en lugar de ir a interaccionar con sus autores favoritos, algo que en tiempos de antes del internet era algo infrecuente y valioso, va a ver al famoso de turno presentar su libro (invariablemente) de mierda.

Aunque de escritores que se sienten menospreciados podíamos llenar naves industriales y no son pocos quienes han hecho del plañiderismo su modus vivendi en el tema del libro entiendo a Andreu. Debe ser jodido llevar 50 años en el oficio de juntar letras (su mera supervivencia a lo largo de este tiempo me parece un logro) y ver como al lado estan Andy y Lucas (es en serio, han publicado su tercer libro) hinchándose a firmar, ellos, y nombres tan dispares que van desde Jorge Javier Vazquez a Mario Vaquerizo pasando por Gemma Mengual, Marta Torne o Xavier Sardá. Incluso puede ser peor, youtubers (el otro dia paseaba por una de las librerías de referencia en Dublin y me topé con la estantería dedicada a youtubers, salí como si hubiese visto al Sanchez Drago en triquiki).
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Petardeo en estos eventos, en retrospectiva, hubo siempre. Los primeros petardos imagino que serian escritores populares. El problema tal vez sea que ahora todo es petardeo y confusión, al menos la feria cumple con lo que tiene que hacer una feria: reflejar lo que se cuece en un determinado sector.

Que esta fauna mediática, aún piense que perjeñar un libro les da una pátina cultural de algún tipo nos da muestra de lo despistados o desfasados que andan, puede que en el pasado ocupar un a caseta próxima a Perez Reverte tuviera su aquel, pero ponerse a firmar al lado de wichumichu no. Que el mundo editorial piense que recurrir a la novela de mermelada es el camino para recuperar el 40% de la facturación que han perdido desde la crisis nos indica que no saben de donde les vienen, que no saben donde van y que posiblemente merezcan irse a la mierda, ganado se lo tiene.

El mundillo editorial en manos de grupos de inversión ha perdido el norte. No es fiable como valor cultural, ni siquiera como indicador. Publicitan y siguen promocionando a gente que el público hace tiempo que no lee, ignoran a otros que se han adueñado de canales alternativos (no, tampoco voy a decir que son mejores porque no lo son) y hacen el ridiculo entregandose como moza vieja a la enésima nueva tendencia de la feria del libro o al abrazo (mortal) del famoso cutre de turno para tratar de coger aire. Esa es la realidad de un sector que hace tiempo dejo de respetar su producto.

Así que Andreu, no vuelvas al Sant Jordi si no quieres. No creo que sea una gran perdida ni que haya que hacer drama, pero coincido contigo, lo que se cocina en el evento no refleja el mundo cultural ideal de nadie con sesera,  llamarlo cultural es ya un insulto.

Written by Anónimo

mayo 3, 2017 at 10:25 pm

Alfaguara también es el Planeta.

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La noche en que se concede el Planeta la mayoría de los medios ceden unos minutillos de cobertura mediática y le hacen publicidad al ojito derecho de Lara. Puede ser pago a algunos servicios prestados que desconozco, o puede ser que nadie se resista a participar en el gigantesco troleo que el premio Planeta es. Todo el mundo conoce al vencedor mucho antes, y todos saben que esta amañado, que es una mentira, como ha dejado escrito Marsé de manera bastante clara. La mentira del premio Planeta es tan de domino público que nadie la considera nociva, como nadie considera contraproducente al ratoncito Perez o a los reyes magos, habría que ser hijos de puta.

El problema no es que el Planeta sea el Planeta. El problema es que casi todos los premios literarios sean el Planeta. Hace unas semanas se fallaba el premio Alfaguara por ejemplo y lo ganaba Ray Loriga, curiosamente, escritor que publica en… Alfaguara, oh, que conveniente. La noticia no ocupó mucho interés mediático fuera del grupo al que Alfaguara pertenece. No es el Planeta, no pidamos que todo el mundo siga todas las bromas, menos las repetidas.

Como escritor Ray Loriga fue victima de un mal endémico de la literatura en español, la prisa. Prisa (oh, que casual) en encontrar al próximo gran talento del panorama y prisa igualmente en enterrarlo antes de darle la oportunidad a madurar. La lista de cadáveres jóvenes (pocos bellos) es extensa. Y Ray en su momento era cool hasta decir basta. Con su descuidada imagen grunge en plena era Cobain greñas mechadas incluidas y sus libros influenciados por Bukowski (igual que hacia Duncan Dhu con los Smiths, hay que decir que entonces nadie leía a Bukowski, posiblemente tampoco ahora) llenos de citas carpeteras Ray tenía el molón subido. Molaba tanto que no les importaba tragarse el sapo de que un veinteañero fuese impartiendo lecciones vitales.

Sus primeros libros imagino que no soportan ni una revisión amable. Deben leerse con la misma vergüenza ajena que provoca un diario quinceañero, o nuestra primera cuenta de email, pero Ray no se quedo atrapado en ese papel. El cool de Ray incluso evolucionaría, se ennovió con Cristina Rosenvinge, que también transicionó de manera elegante de los subterraneos al indie y se fue a vivir a Nueva York a codearse con los Sonic Youth y a que Lou reed le gorroneara unos trujas. Molar más ya no se puede.
Para entonces el modelo ya no era Bukowski, poco interesante como modelo vital a largo plazo, sino Auster. Loriga pasó a escribir a lo Auster, libros bien escritos, pero para mi poco interesantes, y, dudo que con público suficiente. Y como estábamos en modo Auster había que optar por lo multidisciplinar, si Auster escribió algún guión y dirigió. Loriga también.
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Pero dejemos a Ray aparte, al fin y al cabo, hace lo que más o menos todos en el mundo artístico, ir tirando y libre es de diseñar su modo de vida contra ejemplos, por otra parte, respetables, nada hay de malo en querer ser Auster o Murakami, al menos no trataba de ser Umbral.

Volvamos con el libro que nos ocupa. Ignoro la valía en cuestión del mismo, ni si es merecedor de este honor que suele recaer en escritores que ya publican en esa editorial o que pasan a hacerlo. Pero entiendo el mosqueo. En los pocos comentarios que la noticia generó la mayoría apuntaban a lo mismo. Los más precisos, los que daban nombres, fueron convenientemente eliminados al más puro estilo Prisa. Si Loriga ve los partidos con este fulano que dirigía las lecturas del premio o si Loriga es amigo de mengana que estaba en el jurado (en realidad es al menos conocido de medio jurado) le parecia ofensivo al moderador. Incluso el multiusos Juan Cruz, convertido en imagen lamentable de una decadencia lamentable, intervino en los comentarios dando su palabra (snif) de la honestidad del proceso.

No es necesario entrar en los vericuetos de las amistades del premiado para entender como poco probable que los empleados de una editorial no reconozcan el estilo de uno de sus escritores. Improbable tirando a imposible, e imposible es no ver el biscotto.

Estando tan claras las cosas tal vez lo justo no sea criticar al grupo, a la editorial o al escritor. Igual los únicos a quienes culpar es a los tontos del haba que envían su manuscrito confiando en que tendrán una posibilidad, aun remota, de llamar la atención de alguien. Benditos inocentes. Lo que puede resultar molesto es que encima de hacernos tragar sus apaños dentro de dos días vengan quejándose de la poca credibilidad del mundo literario español, utilizar un galardón literario como herramienta comercial pura y dura puede ser licito hoy día que vale todo (o que nada es trampa), pero hacerlo y pedir respeto tal vez sea exigir demasiado, incluso a los benditos.

Written by Anónimo

abril 20, 2017 at 9:28 pm

Las aventuras del bebedor de Pepsi.

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Como muchos de mi generación descubrí a Mendoza con El misterio de la cripta embrujada. Incluso para un lector aficionado, uno se aventuraba en la nueva propuesta de la profesora de literatura (Amelia se llamaba) con cierto recelo tras las apreturas de la primera lectura, una de las más accesibles obras del no obstante decimonónico Unamuno, La Tia Tula (subtitulada en algunos países como Parto sin dolor). Siguiendo un plan diseñado por una mente consciente o bien por un mono borracho demente, uno no simplemente no sabía que podían deparar las lecturas programadas del bachillerato.

El misterio cumplía todo lo que una obra debe proponer a los adolescentes para engancharlos en la lectura. No dolía, era de lectura sencilla, divertido con cotas de hilaridad, con sus notas procaces y además el protagonista era un guarro, había peras y vellos púbicos femeninos (no eran aquellos los tiempos del xvideos). Por supuesto y para salvaguardar las espaldas había un tema y un trasfondo que servía de coartada para que los profesores de literatura no se sintieran culpables del todo.

Por las mismas virtudes que destaco hoy más de un padre lo impugnaría como lectura no adecuada para su retoño, pero como digo, aunque sospecho que no era lo que Mendoza tenía en mente la escribirlo, El misterio de la cripta embrujada era un perfecto gancho para el lector adolescente, de mi generación cualquiera reirá si le gritas “corre, que te persigue un sapo”.

En mi caso al menos cumplió su función. Con el tiempo fui leyendo todo lo que había o iba saliendo de Mendoza, incluso pestiños como Gurb que me temo ha quedado como algo anacrónico que llevaría muy mal una lectura contemporánea (en descargo, no fue concebido como novela) hasta prácticamente Mauricio o las Elecciones primarias. Este era ya un libro fallido por muchos motivos, no solo telegrafiaba de manera obscena sus intenciones, además no resultaba especialmente destacable en ningún sentido, ni siquiera era particularmente entretenido como si el propio autor no estuviese demasiado convencido o se embarcara en él con desgana. Su poco rendimiento comercial, según Mendoza, le hizo cerrar un capítulo, el de la literatura con pretensiones, para dedicarse a lo divertido. Al fin y al cabo, requiere menos tiempo, se vende al mismo precio y se lo pasa bien uno en el camino.
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El efecto colateral es que las aventuras del detective anónimo protagonista de El misterio de la Cripta embrujada han ido engordando. En honor al Cervantes me hice el propósito de leer las dos ultimas (El enredo de la bolsa y la vida y El misterio de la modelo extraviada). Puede que a priori esta lectura por lotes no parezca un tratamiento justo, pero no creo que merezcan otro mas deferente.

Sucede con la serie del bebedor de pepsis lo mismo que sucede en otras cuyo éxito comercial las condenan a alargarse hasta el infinito (por ejemplo, Torrente). La primera contenía las virtudes anteriormente mencionadas, fácil lectura, entretenida, divertida, giros ocurrentes, personajes pintorescos, sin embargo, aunque disparatada, buena parte del disparate era plausible, o no tenia uno que sofocar con una almohada el sentido critico para tragársela y sobre todo, dichos elementos servían de soporte para la sátira o la critica social.

Con el paso de las entregas Mendoza, (como Segura con su criatura) se ha ido quedando con la parte superficial, los gags, las ocurrencias, el chascarrillo, los personajes disparatados, pero el manto que soportaba todo eso ha adelgazado tanto que ha desaparecido al punto que lo que pudo verse como parodia o contrapunto a Carvalho, ahora mismo es poco más que un Mortadelo y Filemon de los 80 novelado.

La cosa sigue siendo entretenida, se sigue leyendo bien, uno sigue encontrando en su prosa rastros del gran escritor que es Mendoza, pero la sensación general es que todo ha degenerado, algunos chistes son viejunos y otras situaciones, aun dentro del contexto de la parodia, anacrónicas o inverosímiles por demás. La misma Barcelona que servia de trasfondo a las aventuras del protagonista ya ni siquiera funciona como caricatura de la Barcelona actual o como marco para la critica política, ha sido sustituida por un escenario de cartón piedra pintoresco pero demasiado alejado de la realidad como para servir a cualquier propósito critico y donde se engarzan situaciones cómicas en torno a una trama del chichinabo.

Mendoza tira descaradamente a lo sencillo, dejando una amarga sensación a talento desperdiciado o poco aprovechado y la incomoda cuestión, ya en términos más amplios, de lo que pudo haber sido.