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Formas de volver a casa – Alejandro Zambra

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Con el paso del tiempo uno desarrolla sus prejuicios lectores. Un prejuicio no es más que un atajo con el que tu cerebro, de naturaleza perezosa, trata de ahorrarse tener que procesar de algo donde reconoce patrones. Por ejemplo, si uno ha tenido malas experiencias con 5 pelirrojas, el cerebro desaconsejara probar con la sexta. Por supuesto la sexta puede ser el amor de tu vida, el cerebro no es adivino, solo da consejos basados en patrones anteriores.

Mis prejuicios lectores no son muchos, pero abarcan bastante. Por ejemplo, no leo zafonadas, no leo novela histórica, quemaría en una chimenea si tuviese cualquier novela de la guerra civil, y no leo literatura sudamericana contemporánea. Manías.
Mi opinión es que desde la segunda mitad del siglo pasado, con leer a los grandes nombres (Borges al que se puede colocar en cualquier espacio temporal, Cortazar, Garcia Marquez, Rulfo y cuatro más entre los que NO está Bolaño ni por asomo) es suficiente. Ello no es impedimento para que cada cierto tiempo la industria editorial insista en colocarnos al siguiente fenómeno editorial , la literatura sudamericana sigue teniendo predicamento, o igual simplemente tiene mercado.
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Leo a Zambra después de que un tuitero diga que con un libro suyo ha vuelto a esa costumbre tan entrañable de anotar frases o párrafos de un libro que nos gustan. Pienso que tengo un archivo lleno de citas en algún sitio, aunque imagino que esta en diskette y el formato word perfect, que chanaba mucho mas que el word, asi que creo que seria complicado recuperar aunque tampoco lo creo necesario. La trapera a la memoria ha hecho su efecto y me dispongo a leerlo, si uno no puede fiarse de un tuitero anónimo, en que mierda de mundo vivimos.

A las 10 paginas comprendo el error. Es la misma mierda de siempre. No se entienda mal, como puede esperarse está bien escrito y todo eso, solo que es la enésima revisión de los mismos lugares comunes, empeorado por el estigma de pertenecer a la generación nocilla mención a Chespirito incluida. Misterio de tres al cuarto que no pasa de malentendido, el peso de las dictaduras, narración a granel del bote de escritor sudamericano, lo mismo de siempre. Uno tiene la molesta sensación de estar tragando comida masticada por otro. No hay sabores nuevos, no hay una voz propia ni sorpresas, todos los trucos son de dominio público y desde hace tiempo. Es literatura tributo, apañada, con buen dominio del escenario pero copiada y deudora de un universo cerrado y demasiado reconocible.

Al menos es breve.

Written by Anónimo

mayo 11, 2017 at 9:23 pm

Adaptar la Torre Oscura

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El señor de los anillos ha llegado a la cultura popular en una sucesión de oleadas desde el momento en que se publicara. Su influencia, directa o meramente conceptual es clara en la mayoría de las sagas fantásticas publicadas desde la segunda mitad del siglo XX, desde el Gormengast (opuesto) a las Crónicas de hielo y fuego. Es difícil, sino imposible, encontrar autores que trabajen la fantasía que no se hayan visto tentados a emular a Tolkien saga al canto.

Una de estas oleadas golpeó la cultura popular americana de los 70. Un joven Stephen King, aún lejos del autor que vendería hasta catálogos del wallmart con su firma, decidió crear su saga. Tenía un propósito y un poema seminal, Childe Roland a la Torre Oscura llegó, del autor Robert Browning. solo faltaba todo lo demás. Tolkien no quería caer en la emulación y volver a sacar de la chistera elfos, magos y hadas, y en la búsqueda estaba cuando frente a una pantalla de cine el Eastwood de Sergio leone se le apareció como Conan aquella noche de tormenta a Robert E Howard para decirle, Stephen, yo soy la épica americana.

Ese es el origen de la Torre oscura, un batiburrillo de ideas en torno a un eje central: el personaje totémico en busca de la torre oscura. El proyecto, ambicioso, sobrepasaba las capacidades (y necesidades económicas) del joven King y se fue dilatando en el tiempo mientras otras obras tomaban prioridad. Los cuatro primeros volúmenes se reparten en 20 años y están trufados de influencias de lo más diverso, el señor de los anillos, la leyenda artúrica, el mundo de Oz, el spaghetti western… pero, también y en lo que pasó de ser una broma interna a ser algo principal, referencias al resto de la obra de King. La torre paso a ser la constante, una obra que vertebra el resto de su producción, algo que no esta claro que fuese inicialmente pensado asi pero que terminó siendo un deleite de los King adictos rastreando cruces.
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El proyecto nunca tuvo un desarrollo muy fluido, fluido su modo, ya que el autor es conocido por su prolijidad, los primeros libros, los buenos, los genuinos,se espaciaron en el tiempo ademas por otro motivo admitido por King, no saber por donde tirar. Una camioneta en su camino (o al revés) aceleraría el final, en apenas un par de años King llevaría por fin a Roland a la torre huyendo del miedo a la pelona. Esta premura afectó a la narración, todo es más heterogéneo, desordenado, a veces gratuito, forzado, menos madurado y en definitiva, peor,aunque preferible a la alternativa de dejarla inconclusa.

Adaptar la Torre oscura al cine hubiese sido imposible hace unas décadas, cuando aun imperaba el criterio narrativo en la industria. Por definición incluye todo lo que una productora debe odiar, saltos temporales, diálogos políticamente incorrectos, mundos paralelos, personajes de otras obras, flashbacks tan largos como un libro y ni siquiera es una de las obras mas conocidas o mejor vendidas del autor (es mas, parece una obra destinada a ser un chiste interno con el fan). Nadie hubiese adaptado la Torre Oscura y la prueba es que nadie lo hizo. Solo hay una razón que se me ocurre para haberlo hecho, y es la desesperada búsqueda de franquicias para explotar por el hollywood actual, que comienza ver como el cine de spiderman acusa agotamiento.

Aquí entramos en los dilemas de cualquier adaptación. A ese respecto no soy un talibán de la fidelidad, me basta con que una adaptación o bien respete el espíritu de la obra sin hacer concesiones gratuitas, o bien sea una reinterpretanción tan cojonuda que supere la obra original. Ejemplo de adaptación que respeta con fidelidad el original y lo engrandece, El nombre de la rosa. Ejemplo de adaptación que tira por otro camino pero que respeta la esencia (intrigas palaciegas y espadas), Juego de Tronos, Ejemplo de adaptación que no respeta el original pero que es una obra maestra en si misma, El resplandor. Ejemplo de concesiones idiotas y gratuitas, poner a Blanca Portillo como Bocanegra (vale, toda la película es un mojon). Cine o televisión son caminos narrativos diferentes a los libros, y hay limitaciones que no existen en un texto. Por ejemplo, contratar mas temporadas a Ciarán Hinds es mas caro que contratar por mas temporadas a Kristofer Hivju

Por lo inadaptable de una saga tan bastarda y poco consistente hasta el lector más optimista de la Torre esperaría licencias narrativas, y puesto que al único actor capaz de interpretar a Roland se le ha pasado el arroz hace décadas igualmente la decepción con la elección era anticipable. Del trailer recién estrenado se puede decir que las perspectivas más nefastas se ven confirmadas. Elba, uno de los mejores actores del momento, no tiene nada que ver con el pistolero, con su hieratismo, con la nobleza impertérrita de un hombre encadenado a una obsesión debe desprender. El mundo de la torre tiene mas que ver con el escenario de la ultima aventura de los X men que con el de las novelas. Queda ver si, y seria una sorpresa, la nueva torre presenta algo diferente a la original, de no ser así, habrá que preguntarse si le merecía la pena a King vender su alma por unas perras o si tanta era el ansia de llevar la torre a la pantalla aunque eso sea la torre.

Written by Anónimo

mayo 9, 2017 at 9:58 pm

Juego de Tronos 1-5

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La relación del lector serio con la literatura fantástica de corte medieval siempre ha estado muy definida. El Hobbit y El señor de los anillos son de obligada lectura. El Silmarillion, C.S. Lewis y alguno mas se consienten (este último como literatura infantil). Más allá de eso todo son recelos, mejor mantenerse alejado. Como le aconsejaron a Tolkien en su día: quienes leen este tipo de novelas son tipos solitarios, retraídos cuya concepción del sexo comienza y termina en la autoexploración.

Esta desconfianza, como sucede con otros prejuicios estaba muchas veces justificada. La literatura de espada y brujería rara vez trasciende de la acumulación de tópicos o de dar vueltas alrededor de Tolkien, cuando no sirve (o servia en otras épocas) de pretexto para ofrecer al lector contra el que advertían a Tolkien porno soft entre princesas virginales o brujas turgentes y guerreros musculados. Así fue durante años hasta que al mercado editorial le llego la misma conversión que a otros culturales y el dinero pasó a ser el único criterio.

Cuando las editoriales pasaron a ser empresas y a regirse por pedestres criterios de rentabilidad, gente que en otro tiempo hubieran sido objeto de mofa de atreverse a pretender que una empresa distribuyeran sus obras han pasado a ser los que parten el bakalao. Atendiendo a lo que ofrece el mercado y las obras que lo acaparan, hay cosas impepinables, como el buen funcionamiento de trilogías, sagas y series varias, así como la robusta demanda de ficción fantástica. Harry Potter puede considerarse pionero en lo de dar el salto al main stream de tantas otras que han venido después, Crepúsculo, Juegos del hambre, Divergente, el Laberinto etcetc. Incluso una ama de casa aburrida expulsada de los foros de Crepúsculo por escribir relatos picantones terminaría en el olimpo con una obra cuyo vocabulario no supera las 1000 palabras y que ofrece tanta estimulación en lo literario como en lo sexual (20 sombras), que importa, vende.

Juego de Tronos no se salta ninguna de las normas establecidas y por tanto encontramos todos los tópicos del genero. Es un culebrón medieval de intrigas palaciegas y batallas con toques fantásticos, un los Tudor con dragones aunque Martin sea más pacato de lo habitual con el tema tetas. Como en todos los culebrones desde Cristal los buenos las pasan putas y son azotados por un destino impío durante la mayor parte del tiempo y malos en contraposición se lo pasan piruleta hasta que al final se invierten las tornas y les llega su castigo. En la Canción de hielo y fuego encontramos personajes arquetípicos vistos mil veces en la historia de la literatura (el bastardo que llega a rey (comandante), la doncella de noble cuna que en cambio quiere ser guerrera, el don Juan crápula arrepentido, el tullido que sale adelante gracias a su ingenio, el gordito cobarde que se ve obligado a ser valiente.
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También hay giros argumentales, buenos que parecen malos, malos que van de buenos (en especial algunos protagonistas, otros son tan planos como una loncha de mortadela), personajes que no son hijos de quien pensábamos, personajes que han sido elegidos por el destino.. etcetc todo narrado de manera correcta en lo estilistico pero con un maestro manejo del cliff hanger y un gusto por el sacrificio de personajes que se ha hecho marca de la casa (tampoco original poner a alguien a entregar la cuchara siempre epata lo suyo).

Al éxito de Canción de hielo y fuego ha contribuido un clima propicio a este tipo de obras, de nuevo, contra las plañideras literarias es evidente que hay un gran público que demanda ficción en vena, pero, sin duda, lo que la ha proyectado es ese maridaje con el mundo de las series y como mencionaba, esa narración que cualquier seriefilo reconocerá desde los primeros capítulos. Un vistazo al curriculum del autor sirve para rebajar la sorpresa, ha sido guionista durante una década y de hecho guioniza la propia serie.

Estilisticamente por desgracia no brilla aunque sea un detalle menor o, sospecho, sea algo que se la trae al pairo al autor. En versión original provoca la incomoda sensación de estar leyendo un inglés viejuno del todo a cien, como seria el castellano del siglo de oro interpretado por un alumno de la eso. Dudo que nadie se detenga a subrayar dos líneas seguidas, o se pare con la mirada perdida saboreando un párrafo que destaque por su poética o por su épica, olvidarse de reflexiones profundas o de sesudas disquisciones, de lo que se trata es de quemar páginas hasta el siguiente uyuyuyuy  hasta el final en que posiblemente uno de los personajes sea fuego, el otro hielo (canción de hielo y fuego) o bien uno sea ya ambas a la vez, viendo quienes son los personajes que cuentan con la simpatía del autor no debería ser complicado adivinarlo y consiga conjurar el mal.

Los tres primeros volumenes, adaptados de manera bastante literal en la serie, son posiblemente lo mejor de la serie (al menos hasta ahora) ignoro si el objetivo inicial de Martin era una trilogia, pero si me atrevería a decir que los tres primeros forman un bloque bastante pulido que funciona bien y que, por desgracia, marcan un nivel que los siguientes no consiguen mantener. Y es que a partir del cuarto la cosa cambia cosa mala, (el cuarto, cuya narración sostienen personajes de carisma discutible es posiblemente el peor de los cinco) de repente uno se descubre leyendo con el piloto automático activado por si salta la liebre, pero sin que la narración tenga el suficiente punch.

Esto sucede por un problema básico de desborde (común a series de televisión que estiran sus tramas en función del éxito de las primeras temporadas), da la impresión de que el autor pierde las riendas de la criatura, se acumulan tramas y personajes poco relevantes o incluso directamente innecesarios (a veces meras listas, el caballero de la gallina, cuyo blason es una gallina corriendo por un campo añil, el caballero de la escoba, cuyo blason es… si, una escoba.. párrafos a capón), al tiempo que hay conflictos que se presumen claves solucionados de manera gratuita o torticera igual que personajes con cierto contenido de los que se prescinde y otros a los que se le pierde la pista.

Claro que a estas alturas, y después de haberte metido varios miles de páginas para el pecho no te queda otra que seguir a ver como termina la función, pero por desgracia muchos de los defectos presentes desde el comienzo se hacen molestamente presentes y difíciles de obviar.

En definitva, un producto bien perjeñado (sobre todo en su comienzo) que no engaña y que ofrece justo lo que promete, pero poquito mas, no es lo mejor en fantasia medieval, pero si es un producto asimilable por el gran publico, asi que sepa a mucho o poco, resulte nutritivo o no, eso ya irá mucho en función de los apetitos de cada cual.

Written by Anónimo

marzo 7, 2017 at 11:27 pm

Las aventuras del bebedor de Pepsi.

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Como muchos de mi generación descubrí a Mendoza con El misterio de la cripta embrujada. Incluso para un lector aficionado, uno se aventuraba en la nueva propuesta de la profesora de literatura (Amelia se llamaba) con cierto recelo tras las apreturas de la primera lectura, una de las más accesibles obras del no obstante decimonónico Unamuno, La Tia Tula (subtitulada en algunos países como Parto sin dolor). Siguiendo un plan diseñado por una mente consciente o bien por un mono borracho demente, uno no simplemente no sabía que podían deparar las lecturas programadas del bachillerato.

El misterio cumplía todo lo que una obra debe proponer a los adolescentes para engancharlos en la lectura. No dolía, era de lectura sencilla, divertido con cotas de hilaridad, con sus notas procaces y además el protagonista era un guarro, había peras y vellos púbicos femeninos (no eran aquellos los tiempos del xvideos). Por supuesto y para salvaguardar las espaldas había un tema y un trasfondo que servía de coartada para que los profesores de literatura no se sintieran culpables del todo.

Por las mismas virtudes que destaco hoy más de un padre lo impugnaría como lectura no adecuada para su retoño, pero como digo, aunque sospecho que no era lo que Mendoza tenía en mente la escribirlo, El misterio de la cripta embrujada era un perfecto gancho para el lector adolescente, de mi generación cualquiera reirá si le gritas “corre, que te persigue un sapo”.

En mi caso al menos cumplió su función. Con el tiempo fui leyendo todo lo que había o iba saliendo de Mendoza, incluso pestiños como Gurb que me temo ha quedado como algo anacrónico que llevaría muy mal una lectura contemporánea (en descargo, no fue concebido como novela) hasta prácticamente Mauricio o las Elecciones primarias. Este era ya un libro fallido por muchos motivos, no solo telegrafiaba de manera obscena sus intenciones, además no resultaba especialmente destacable en ningún sentido, ni siquiera era particularmente entretenido como si el propio autor no estuviese demasiado convencido o se embarcara en él con desgana. Su poco rendimiento comercial, según Mendoza, le hizo cerrar un capítulo, el de la literatura con pretensiones, para dedicarse a lo divertido. Al fin y al cabo, requiere menos tiempo, se vende al mismo precio y se lo pasa bien uno en el camino.
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El efecto colateral es que las aventuras del detective anónimo protagonista de El misterio de la Cripta embrujada han ido engordando. En honor al Cervantes me hice el propósito de leer las dos ultimas (El enredo de la bolsa y la vida y El misterio de la modelo extraviada). Puede que a priori esta lectura por lotes no parezca un tratamiento justo, pero no creo que merezcan otro mas deferente.

Sucede con la serie del bebedor de pepsis lo mismo que sucede en otras cuyo éxito comercial las condenan a alargarse hasta el infinito (por ejemplo, Torrente). La primera contenía las virtudes anteriormente mencionadas, fácil lectura, entretenida, divertida, giros ocurrentes, personajes pintorescos, sin embargo, aunque disparatada, buena parte del disparate era plausible, o no tenia uno que sofocar con una almohada el sentido critico para tragársela y sobre todo, dichos elementos servían de soporte para la sátira o la critica social.

Con el paso de las entregas Mendoza, (como Segura con su criatura) se ha ido quedando con la parte superficial, los gags, las ocurrencias, el chascarrillo, los personajes disparatados, pero el manto que soportaba todo eso ha adelgazado tanto que ha desaparecido al punto que lo que pudo verse como parodia o contrapunto a Carvalho, ahora mismo es poco más que un Mortadelo y Filemon de los 80 novelado.

La cosa sigue siendo entretenida, se sigue leyendo bien, uno sigue encontrando en su prosa rastros del gran escritor que es Mendoza, pero la sensación general es que todo ha degenerado, algunos chistes son viejunos y otras situaciones, aun dentro del contexto de la parodia, anacrónicas o inverosímiles por demás. La misma Barcelona que servia de trasfondo a las aventuras del protagonista ya ni siquiera funciona como caricatura de la Barcelona actual o como marco para la critica política, ha sido sustituida por un escenario de cartón piedra pintoresco pero demasiado alejado de la realidad como para servir a cualquier propósito critico y donde se engarzan situaciones cómicas en torno a una trama del chichinabo.

Mendoza tira descaradamente a lo sencillo, dejando una amarga sensación a talento desperdiciado o poco aprovechado y la incomoda cuestión, ya en términos más amplios, de lo que pudo haber sido.

Mendoza

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Poco después de conocerse la concesión del Cervantes a Mendoza leía un comentario de un lector que lo consideraba buen escritor, pero no una figura intelectual de talla alguna. Comentarios así evidencian hasta que punto la figura del creador cultural se confunde en España con la del tipo de que da la chapa a la menor, hasta el extremo que muchas veces uno piensa si el fulano de turno no sigue publicando o sacando discos más por tener la oportunidad de darnos la paliza con sus opiniones que por otros motivos.

Mendoza no se arroba de una impostada superioridad moral o intelectual para pontificar, ni transmite la sensación de haber descubierto la penicilina con cada una de sus frases. Al contrario, sus entrevistas, como su obra, carecen de esa impostura: para lo bueno y lo malo son accesibles al público general, lo que no quiere decir en absoluto que carezca de hondura intelectual o que sus libros sean entretenimiento de sala de espera. Esta naturalidad destaca a alguien único en su especie.

Más cuando repasando su producción nos encontramos con varios títulos que podrían figurar sin ningún problema en la lista de los mejores libros en castellano de la segunda mitad del siglo XX. Mendoza no solo parece buena persona (no tengo el gusto), además cuando se lo propuso fue uno de los mejores escritores de los tiempos recientes en España.

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Ese tiempo pasado quizá sea el pero de su carrera (cuyo merito está fuera de discusión), a alguien que fue capaz de sacarse del sobaco libros como La verdad del caso Salvolta o La ciudad de los prodigios (que se mea en el pecho de todo lo que haya escrito Zafón) lo único que se le puede reprochar es que no nos diera otro par de obras de ese nivel, tarea nada sencilla, pero a su alcance.
En su lugar se puede adivinar y se le puede criticar cierta autocomplacencia, acelerada tras la tibia acogida de su última obra “seria”, Mauricio, un libro torpe y fallido dónde no solo se ve la tramoya sino que tampoco consigue sus objetivos y tras el cual parece haberse dedicado a tareas mas mundanas como continuar las aventuras del anónimo detective desquiciado con quien la mayoría descubrimos a Mendoza, pero cuya prosa ha perdido frescura y vigencia (imagino que transmite la misma sensación que cuando un niño de 10 años lee un Mortadelo de los 70).

Considerando que un entretenimiento menor de este tipo puede venderse mejor y al mismo precio que otro tipo de obra de mas enjundia, por mucho que nos pese, no podemos culparle de querer vivir de manera placida disfrutando del oficio. La alternativa que da el mercado es marcadamente peor: escribir bien y vender poco persiguiendo cierta trascendencia es poco rentable y seguramente algo frustrante.

La vertiente ligera de Mendoza, con la que finalmente se ha quedado, carece de la amplitud o carga de profundidad de Vonnegut (por poner una de sus referencias), ni está a la altura de su mejor versión, ni supongo que es lo suficientemente buena para merecer un Cervantes, pero no hace sino confirmarle como un gran tipo que no se toma nada con especial trascendencia. En cualquier caso, merecido reconocimiento.

Written by Anónimo

diciembre 1, 2016 at 10:09 pm

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Esto lo cambia todo – Naomi Klein

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Si está usted convencido de la realidad irreversible del cambio climático y sus efectos, de que la globalizacion ha empeorado la situación maquillando las emisiones de los países desarrollados, a la par desplazando la producción a países sin legislaciones medioambientales serias y no tiene muchas esperanzas de que la situación se pueda revertir, felicitese. Su sentido común y sus dotes de observación trabajan perfectamente y la lectura de este libro poco nuevo va a descubrir en su vida.

Si por el contrario usted es de quienes opinan que lo del cambio climático no es más que otro episodio de la gran conspiración mundial como le ha dicho su primo el meteorólogo, que el verde es el nuevo rojo y que no deben ponersele trabas al consumismo occidental aunque sea costa de esclavizar a los habitantes de los países en desarrollo, bueno, en ese caso usted es un adoquín y tampoco le recomendaría esta lectura (ninguna lectura de hecho).

Y es que en cuanto a contenidos y como suele suceder en los libros de Klein, pocos son los descubrimientos que encontramos en este volumen, aparte del hecho de poner juntas cosas que nunca estuvieron separadas. Klein, en un rapto de revelación, cayó en la cuenta de que diferentes aspectos de su dominio como la globalización o el consumismo no son más que elementos de una misma realidad que comparten con el cambio climático o el ecologismo y que apuntan en la misma dirección, posiblemente no la extinción del ser humano, pero si hacia un cambio irreversible de la sociedad, cambio que tiene todos los visos de no gustarnos.
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Entregado el mensaje, el libro no deja de ser otro libro de divulgación escrito por el mismo programa de edición de textos, ya saben, cada capítulo comienza con la protagonista describiendo alguna escena, bien sea convención, escenario o situación para después desarrollar el tema. Por ejemplo “hace 40 grados y estamos en Atlanta, en la convención del clima. Un señor bajito habla sobre….” y así, una y otra vez, sembrado de hechos y datos que el lector no se atreve a poner en cuestión porque básicamente, no hay razón para poner en duda.

Ese quizá sea el handicap del libro. Puedes simpatizar con el mensaje y puedes aceptar la tesis de Klein, porque hay pocas razones para dudar de que es cierta, pero una vez aceptado el pulpo la cosa se pone farragosa, sobre todo al principio, con un baile de siglas y datos que al lector ya convencido posiblemente le sobren o no necesite mucho, y que ademas espante al lector no acostumbrado a este tipo de obras. Es un trabajo de divulgación científico basado en hechos, pero uno echa en falta un toque a lo Moore que desatasque el tema, o un barniz Palahniuk que añada tensión y lo acerque a un público más amplio, algo que haga que el lector levante el culo del sofa y no bostece, otra cosa me temo, es que de una manera u otra este libro vaya a cambiar nada.

Written by Anónimo

noviembre 28, 2016 at 10:28 pm

Adaptando Alatriste

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Quienes hayan seguido de manera habitual a Pérez Reverte conocerán la mayor parte de su proceso de escritura, común por otra parte a las de cualquier escritor de best sellers. Reverte parte de una idea, un esquema o bosquejo que, una vez definido y cerrado, va rellenando con lo que pilla por el camino.

A veces ni siquiera el mismo esquema es relevante o no pasa de ser una excusa. Por ejemplo, si uno se quiere ir de vacaciones a Dublin o si se quiere sacarle partido al periodo vacacional, uno al volver escribe Dublinesca como hizo Villa Matas o Canta Irlanda como haría Javier Reverte. En el caso de Arturin a veces parte de una investigación o un tema que le gusta, es decir, el relleno y sobre eso escoge una trama del libro de tramas que le vaya bien y que termina completando con otros morcillotes, descripciones y los frutos de –suponemos- sus largas horas de investigación (Follet por ejemplo hizo lo mismo cuando se flipó haciendo turismo con una catedral medieval, de ahí salieron Los pilares de la tierra)

Un ejemplo revertiano reciente, pongamos que un día se levanta tanguero y dice, voy a escribir una novela sobre el tango, porque es un tema que le apasiona y porque tiene un lenguaje peculiar y pegadizo como el mismo baile. Como libros sobre la historia del tango debe haber por decenas y como Reverte al fin y al cabo escribe novelas de las de venderse, para justificarse y sacar rendimiento a su pasión danzona le mete una historia de amor y espías. Perez Reverte es de corte más bien clásico en el tema amores, así que anticipamos que la relación será entre un hombre y una mujer, y para que la cosa no quede pobre completamos el guiso con otro de los ingredientes comodín en las novelas de aventuras el ajedrez. Con todo eso en el puchero le damos un golpe de calor y… listo.

Este proceso de escritura es tan válido como otro cualquiera, en especial para novelas de aventuras -y si uno tiene que planificarse las vacaciones para hacer sesiones de investigación-, pero, como en la mayoría de los bestsellers, termina poniendo todo al servicio de una trama que como dijimos antes, ni siquiera tiene que ser original y puede ser conocida de antemano –ciertos lectores de hecho lo prefieren así-. Estilísticamente, en consecuencia, estos libros suelen valer un cerote. Diálogos y personajes tienden a ser meros conductores de la historia, así que los diálogos rara vez son memorables, sino pobres directamente –en particular los de Reverte me temo, que incluso los utiliza incluso para meter morcillas- puesto que su función es simplemente que la trama avance a mayor o menor velocidad y los personajes muy rara vez pasan del arquetipo, de nuevo en el caso de Reverte, ni siquiera podemos decir que agote el catálogo (la mujer fuerte, el héroe/perdedor no reconocido de vuelta de todo, el malo, y poquitos más.)

Esto puede explicar porque, adaptando bestsellers, rara vez nos encontramos con nada decente (salvo que detrás este Kubrik o Coppola), bien sea en película o libro, a no ser que el director sea capaz de dar con una buena mezcla o reescriba el libro, el espectador se verá defraudado por un ir y venir de acontecimientos en decorados más o menos bonitos mientras escuchan a actores de cartón soltar los diálogos de la novela que parecen tener la misma chispa de una cocacola abierta durante una semana. Puede que la producción sea impecable, que incluso los diálogos sean los mismos, pero el mismo objeto narrativo despojado de la imaginación que le pone el lector se queda en algo pobre o frustrante.

Como pudiste hacerme esto a mi

Eso y otras muchas cosas suceden en Alatriste y en las adaptaciones a la pantalla de Reverte. A la dificultad intrínseca de adaptar un personaje de cartón que nadie se ha puesto a reescribir (los escritores no suelen ser muy amigos de esto), se une a una producción insuficiente con lo que, carente de cualquier distracción que pudiera captar la atención del espectador (ambientación histórica, fotografía, decorados, vestuario) como sucede en la magnífica Roma (Roma además tiene un buen guión y un gran elenco) la serie hace aguas por todos los lados.

Obviamente esto no es solo responsabilidad del material de partida (que siempre pudo enriquecerse, o adaptarse al medio), o de la poca pericia del equipo técnico/artístico, que también. La adaptación también es mala porque uno tiene la impresión de que Telecinco, como cadena de televisión, solo compraba horas de televisión de capa, espada y a poder ser, tetas. Telecinco solo quería un águila roja deluxe, y eso, me temo, no solo no encaja ni remotamente con las expectativas de los alatristianos sino con el público en general, menos con el público de Telecinco.

Así pues, dificultad intrínseca, poca pericia y por último, una elección nefasta a la hora de buscar compañeros de cama (en serio, Arturin, tanta era la pasta para venderle el capitán Alatriste a T5?), consiguen un producto condenado al fracaso que defrauda a todos por partes iguales y que, al igual que sucedió con la película, nos deja la sensación de producto fallido y oportunidad perdida.

Cortés, eso si (debe haber guita de por medio), Arturo quiso curarse en salud alabando ciertos aspectos de la producción dejando una frase lapidaria a modo de conclusión: Telecinco no es la HBO. Claro Arturo claro, sorprende que no lo supieras, Telecinco no es la HBO, ni el espectador que consume horas de Mermelada y deluxe a cascoporro posiblemente comparta especie con el que paga religiosamente su cuota a la HBO para recibir producciones de calidad, ¿nos enteramos ahora?

PD: Reverte en la última emisión protesta por estar programado después de Belen Esteban, y aprovecha para recordar que no le vendió los derechos a Telecinco, sino a una productora independiente aunque todo apunta a que las nominas las paga Vasile. En cualquier caso Arturo: No vende uno a su personaje franquicia por un plato de lentejas.