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El temor de un hombre sabio – Rothfuss

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Seguimos con las aventuras de Kvothe el intrépido. Como ya señalé respecto al primer volumen la cosa se me había quedado muy a medias. El nombre del viento era una novela correcta de aventuras de corte fantástico y que servía poco mas que para crear expectativas, generar hype como dirían los youtubers o, en lenguaje mas bajo, cebar la marrana en torno a un personaje que pecaba de sobrado. Cara a decidir si convenía proseguir la lectura o no decidí hacer una búsqueda de opiniones y raro era la que bajaba del 7, siendo la media el notable alto tirando a sobresaliente (los blogs de gente que lee este genero son menos generosos). La cosa por tanto estaba entre lo que anticipaba y las opiniones del populacho. Inclinó la balanza el hecho de que me escocería más perderme un buen libro (no digamos una buena saga) que perder el tiempo leyendo una obra mediocre. La vida tampoco hay que vividla a tope todos los días que diantres.

Por desgracia las aventuras del polifacético personaje siguen por los mismos derroteros a nivel narrativo. Tiene sus ventajas, por ejemplo, es el libro perfecto para la sala de espera de un dentista. Puedes leer unos capítulos cuando te haces un empaste, dejarlo, y volver dentro de varios meses a hacerte otro y retomar la lectura poniéndote al día en dos párrafos sin tener la sensación de haberte perdido nada en absoluto. Quien dice dentista dice metro o autobus. Nada que ver con el esfuerzo a que somete R.R. Martin a sus lectores, ¿donde quedó este tipo al que le perdí la pista dos libros atrás? ¿este no era el primo hermano por parte de padre de la hija del que se casó con la de invernalia?.

Narrativamente es igualmente lineal y falto de sorpresas, no hay muertos en el armario ni los trucos habituales que el genero ha importado de la narrativa policíaca como hay varios en juego de tronos o harry potter por mencionar dos muy conocidos. Recordemos el momento Hodor por ejemplo, cuando llega el lector no puede por menos que decir, este gordo hijo de puta lleva guardando esto desde hace varios libros (o temporadas), al mismo tiempo nos relamemos pensando en como sera la traca final (que tal esa como creador de expectativas mas allá de adelantar las proezas del personaje?). Harry Potter era también modélico en ese aspecto. En los últimos capítulos el puzzle se ordenaba y encontrábamos sentido a todas las piezas que la autora habia ido desperdigando, igual que en los últimos libros aun le sacaba partido (algo ad hoc hay que reconocer) a elementos que llevaban ahí desde el principio. Nada de esto hay en la historia de Kvothe. La estructura es de personaje al que le pasan aventuras, sin que de la impresión de que haya relación o necesarias para el avance de la historia central (que avanza lo justo), en ultima instancia solo sirven para seguir engordando la reputación del protagonista que invariablemente sale airoso demostrando sus habilidades varias o su fortuna.

En este segundo volumen el autor por ejemplo recupera un juicio civil por uso indebido de magia (familiar?), juicio que el protagonista supera pero que sin embargo, nos enteramos, le crea mala fama en la universidad. Un profesor con el que no habla nunca le hace un aparte y le indica la conveniencia de tomarse unas vacaciones, en el capitulo siguiente un noble amigo suyo, así casualmente, le pregunta si estaría interesado en un mezenazgo con otro noble muy rico que vive en la otra punta del pais, y para allá que se va. El único sentido vital del protagonista era la universidad, pero basta que un profesor le insinué lo conveniente del descanso para que el protagonista salga en busca de nuevas aventuras, suena gratuito y lo es. Una vez allí a Kvothe le harán falta dos telediarios para hacerse el amo del cotarro y tres para toparse con Denna (la enamorada) que también casualmente ha recorrido medio mundo. Por si fuesen pocas sus dotes es capaz de hacer de Cirano para el noble y encandilarle a una de las damas mas demandadas de la corte, y eso que no solo no ha tocado pelo, es que ni a catado pecho ni dado un mal beso. No conoce mujer pero es capaz de hacer que una presa mayor caiga rendida ante su mecenas. Ole por Kvothe.
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Los personajes siguen dibujados con los mismos trazos. No hay evolución ni hay nada parecido. Denna sigue siendo bella y esquiva, los profesores amigos o enemigos y los compinches leales y tal, y los malos, en particular el ser sobrenatural que acabó con su familia bastante cacas, al punto de ser incapaz de plantar batalla con un ejercito al grupetto mercenario que Kvothe liderará en una de sus aventuras, escaso bagaje para un ser milenario de supurante maldad e ignotos poderes.

Llegados a este punto esta claro que la opinión de la gente, o de la gente que deja opiniones en internet sobre lo que lee vale una mierda (el lector medio). El libro y la saga tienen cosas buenas (sino seria insufrible), es una lectura fácil de seguir, generalmente apacible (hasta cuando ese adjetivo sea deseable para este tipo de literatura) y tiene elementos conseguidos como la magia que ya no es cosa genética como lo era en Potter sino que tiene que ver con una mezcla de química y estudio. El entorno esta conseguido y el autor consigue mantener el interés justo. Algunos episodios están bien (aunque el esquema se repita tanto que mata la sorpresa, si Kvothe va a un pueblo a aprender artes marciales sabemos que lo hará bien, que habrá una prueba que superara, que al final lo aceptaran como suyo y querrán que se quede…). Otros episodios como el de la fata pecan de falta de originalidad (por no decir que es mas viejo que la tos, poco original y aquí incluso absurdo). Pero no es suficiente como para convertirlo en una gran obra, mucho menos para codearse con las top del genero. La saga de Kvothe es literatura juvenil engordada, ni siquiera literatura juvenil de la buena, y pobre para el lector friki (juegan al rol por dios, si fuese gente de gustos simples jugarían a la oca).

La pregunta que puede suscitar sobre el salto de este tipo de libros a territorios comunes, ¿los leen los adultos porque no encuentran lecturas adultas que les entretengan, quiero decir, porque Knausgård en el fondo aburre soberanamente y es literatura para 3000 personas como dice Olmos o porque el lector ha renunciado a madurar y sigue anclado en la literatura que le hacia disfrutar cuando era joven?. No son excluyentes ciertamente, pero sin duda explican como la literatura de género ha saltado al mainstream generando buenas acogidas. El público popular demanda ficción en vena, está claro, pero no quieren aguantar las paranoias de nadie ni que nadie les recuerde lo perra o compleja que es la vida con ninguna excusa y de paso, que tampoco se lo hagan muy complicado.

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Written by Anónimo

agosto 29, 2017 at 10:40 pm

Patria – Fernando Aramburu

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El vil asesinato de Miguel Angel Blanco del que se cumple estos días el aniversario terminó por quitar de la sociedad vasca la venda del miedo y/o la ceguera que los sostenía. ETA aparecía desnuda tal como era, un grupo de paletos que mataban por inercia, porque no sabían hacer otra cosa y que no pintaban nada en ningún propósito de sociedad. Cuando programas de humor tipo Vaya Semanita comenzaron a hacer humor con la banda se certificó lo que se sabía en la calle, que estaban finiquitados, algo que incluso ellos terminaron por entender aunque les llevara su tiempo, después de todo la banda se nutria del matón de la clase, no del listo.

ETA dejó un reguero de sufrimiento inútil, pero poca ficción. El tema en si no admite muchas dobles interpretaciones, la banda era un depósito de descerebrados violentos que encontraron en el nacionalismo cerril cobertura para dar rienda suelta a su desviación y en diversas instituciones el armazón logístico para mantenerlo: los chavales que ahora acaban en hermano mayor en el país vasco en los 80 se hacían abertzales y encima les aplaudían. Eso, en ficción, no da para mucho. Además como buenos paranoicos siempre mostraron un celo bastante concienzudo para todo lo que les aludiese, no dudando en amenazar de manera directa o indirecta a cualquiera que trabajase sobre ellos y no proyectara la imagen deformada que de si mismos tenían, igual que amenazaban a periodistas o políticos no afines. El resultado, un puñado de películas (Los días contados, Yoyes) rodadas entre veladas y no veladas amenazas, no muchos mas libros y poco más, poco reflejo considerando el espacio mediático ocupado.

Una vez ETA cesó su actividad criminal, era cuestión de tiempo que llegase la avalancha, de la que Patria, el pelotazo editorial de la temporada puede considerarse una avanzadilla. Viendo lo sucedido con la guerra civil me temo que el tema apestara en no mucho.

Vamos con Patria. Lo primero que llama la atención es un estilo bastante molesto. Esta bien eso de la frase corta y contundente, pero aquí parece que la frase, más que corta o concisa, ha sido recortada. A veces uno se detiene con la sensación de que se ha comido varias silabas. El siguiente elemento molesto es el uso de ese lenguaje coloquial. Cinco horas con Mario puede haber sido una de las obras mas dañinas para la literatura en español. El intento de buscar la cercanía a través de la coloquialidad es arriesgado, la distancia entre lo autentico y lo caricaturesco es pequeña y no todos los escritores son Delibes. Aramburu desde luego no lo es. El uso del lenguaje de Aramburu es pobre, y rara vez creíble.
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Pasado el trago del estilo, que en varias paginas deja de molestar (igual que el pie de uno termina por olvidarse de la china que se le metió en el zapato si no hay oportunidad de descalzarse), nos encontramos con las protagonistas. Dos señoras de cierta edad que en un tiempo pasado fueron amigas muy cercanas y que siguieron vidas paralelas hasta que ETA se cruzó en su camino y ahora no se pueden ni ver. Una es viuda de un empresario asesinado en un atentado y otra madre de un etarra que cumple condena en el puerto de Santa María. El planteamiento a priori nos acerca mas a una sesión de sobremesa de Antena 3 que a algo mas ambicioso y efectivamente anticipa lo que viene, sucesión de directos al hígado: Por si no fuese suficiente esa declaración de intenciones, la familias la completan por el lado de la madre del etarra una hija parapléjica enamoriscada en tiempos del hijo de la otra, un medico con problemas de alcohol entre otros, todos miembros a su vez de familias desestructuradas se imagina uno que por el tema de marras. Si, falta el niño ciego al que le han robado el canario y puesto un calcetín relleno en su lugar.

Los personajes son planos, simplones, carentes de sorpresas y desarrollo. De su planicie se deriva que muchas situaciones se tengan que resolver por el derrepentismo. Clave es la conversión de la madre del etarra al batasunismo. Una semana las dos amigas pasean por Donostia comiéndose unas porras y hablando de sus cosas y escapan de una manifa con la que se cruzan. A la siguiente la madre del etarra en el mismo escenario le dice a la amiga que se unan a la manifestación. De repente es batasuna, ha tomado partido por el hijo, deduce la sagaz futura viuda. En realidad todo sucede así, el empresario asesinado es bueno de regalar chuches a los demás, el hijo etarra es un matón de libro que acaba siendo malote (vale, esto es plausible). En general el desarrollo de tramas y personajes hace que uno busque el perfil del autor para cerciorarse que tiene mas de veinte años y aquí no estoy exagerando, yo lo hice y lo digo sin exagerar, el libro tiene esa edad mental, incluso menos.

Otro factor molesto es el uso del flashback, igualmente, al mas puro estilo drama de sobremesa telecinquero. La madre etarra mira una pulsera y le teletransporta la historia de la pulsera, quien no esta viendo el plano de la protagonista mirando al infinito?, después del periodo de gracia, por estas y otras razones, la sucesión de facepalms es continua y cada vez mas frecuente hasta el facelpalm final.

Como podemos suponer si hemos llegado hasta aquí Patria no es el libro definitivo sobre ETA, (no diré conflicto, era una panda de asesinos patéticos), no es ETA nació en un seminario, ni cuenta mucho de ETA, ni descubre nada sobre sus efectos en el país vasco o las victimas. Ni siquiera es un libro donde ETA juegue un papel clave. Podríamos sustituir el atentado por un atropello a un ciclista por un conductor borracho y aparte de unas cuantas decenas de paginas la cosa podría tirar igual. Patria es un drama marujil que podría firmar cualquier reportero televisivo (que parece padecen fiebre literaria) y que, al igual que hicieron tantos políticos miserables durante décadas, sacan rédito del la truculencia etarra sin el menor rebozo.

Patria es víscera, marujeo, melodrama barato y cartón piedra (lo que posiblemente explique el pelotazo comercial). Espero que no marque el camino de lo que se avecina, aunque para ser sinceros dudo que sea una tendencia que me vaya a atrapar. Lo peor de Patria es que alguien piense que le ha ayudado a comprender mas lo sucedido durante ese periodo oscuro. Tendrá que comenzar por desaprender lo aprendido si el interés es genuino.

Written by Anónimo

julio 5, 2017 at 9:58 pm

Formas de volver a casa – Alejandro Zambra

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Con el paso del tiempo uno desarrolla sus prejuicios lectores. Un prejuicio no es más que un atajo con el que tu cerebro, de naturaleza perezosa, trata de ahorrarse tener que procesar de algo donde reconoce patrones. Por ejemplo, si uno ha tenido malas experiencias con 5 pelirrojas, el cerebro desaconsejara probar con la sexta. Por supuesto la sexta puede ser el amor de tu vida, el cerebro no es adivino, solo da consejos basados en patrones anteriores.

Mis prejuicios lectores no son muchos, pero abarcan bastante. Por ejemplo, no leo zafonadas, no leo novela histórica, quemaría en una chimenea si tuviese cualquier novela de la guerra civil, y no leo literatura sudamericana contemporánea. Manías.
Mi opinión es que desde la segunda mitad del siglo pasado, con leer a los grandes nombres (Borges al que se puede colocar en cualquier espacio temporal, Cortazar, Garcia Marquez, Rulfo y cuatro más entre los que NO está Bolaño ni por asomo) es suficiente. Ello no es impedimento para que cada cierto tiempo la industria editorial insista en colocarnos al siguiente fenómeno editorial , la literatura sudamericana sigue teniendo predicamento, o igual simplemente tiene mercado.
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Leo a Zambra después de que un tuitero diga que con un libro suyo ha vuelto a esa costumbre tan entrañable de anotar frases o párrafos de un libro que nos gustan. Pienso que tengo un archivo lleno de citas en algún sitio, aunque imagino que esta en diskette y el formato word perfect, que chanaba mucho mas que el word, asi que creo que seria complicado recuperar aunque tampoco lo creo necesario. La trapera a la memoria ha hecho su efecto y me dispongo a leerlo, si uno no puede fiarse de un tuitero anónimo, en que mierda de mundo vivimos.

A las 10 paginas comprendo el error. Es la misma mierda de siempre. No se entienda mal, como puede esperarse está bien escrito y todo eso, solo que es la enésima revisión de los mismos lugares comunes, empeorado por el estigma de pertenecer a la generación nocilla mención a Chespirito incluida. Misterio de tres al cuarto que no pasa de malentendido, el peso de las dictaduras, narración a granel del bote de escritor sudamericano, lo mismo de siempre. Uno tiene la molesta sensación de estar tragando comida masticada por otro. No hay sabores nuevos, no hay una voz propia ni sorpresas, todos los trucos son de dominio público y desde hace tiempo. Es literatura tributo, apañada, con buen dominio del escenario pero copiada y deudora de un universo cerrado y demasiado reconocible.

Al menos es breve.

Written by Anónimo

mayo 11, 2017 at 9:23 pm

Adaptar la Torre Oscura

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El señor de los anillos ha llegado a la cultura popular en una sucesión de oleadas desde el momento en que se publicara. Su influencia, directa o meramente conceptual es clara en la mayoría de las sagas fantásticas publicadas desde la segunda mitad del siglo XX, desde el Gormengast (opuesto) a las Crónicas de hielo y fuego. Es difícil, sino imposible, encontrar autores que trabajen la fantasía que no se hayan visto tentados a emular a Tolkien saga al canto.

Una de estas oleadas golpeó la cultura popular americana de los 70. Un joven Stephen King, aún lejos del autor que vendería hasta catálogos del wallmart con su firma, decidió crear su saga. Tenía un propósito y un poema seminal, Childe Roland a la Torre Oscura llegó, del autor Robert Browning. solo faltaba todo lo demás. Tolkien no quería caer en la emulación y volver a sacar de la chistera elfos, magos y hadas, y en la búsqueda estaba cuando frente a una pantalla de cine el Eastwood de Sergio leone se le apareció como Conan aquella noche de tormenta a Robert E Howard para decirle, Stephen, yo soy la épica americana.

Ese es el origen de la Torre oscura, un batiburrillo de ideas en torno a un eje central: el personaje totémico en busca de la torre oscura. El proyecto, ambicioso, sobrepasaba las capacidades (y necesidades económicas) del joven King y se fue dilatando en el tiempo mientras otras obras tomaban prioridad. Los cuatro primeros volúmenes se reparten en 20 años y están trufados de influencias de lo más diverso, el señor de los anillos, la leyenda artúrica, el mundo de Oz, el spaghetti western… pero, también y en lo que pasó de ser una broma interna a ser algo principal, referencias al resto de la obra de King. La torre paso a ser la constante, una obra que vertebra el resto de su producción, algo que no esta claro que fuese inicialmente pensado asi pero que terminó siendo un deleite de los King adictos rastreando cruces.
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El proyecto nunca tuvo un desarrollo muy fluido, fluido su modo, ya que el autor es conocido por su prolijidad, los primeros libros, los buenos, los genuinos,se espaciaron en el tiempo ademas por otro motivo admitido por King, no saber por donde tirar. Una camioneta en su camino (o al revés) aceleraría el final, en apenas un par de años King llevaría por fin a Roland a la torre huyendo del miedo a la pelona. Esta premura afectó a la narración, todo es más heterogéneo, desordenado, a veces gratuito, forzado, menos madurado y en definitiva, peor,aunque preferible a la alternativa de dejarla inconclusa.

Adaptar la Torre oscura al cine hubiese sido imposible hace unas décadas, cuando aun imperaba el criterio narrativo en la industria. Por definición incluye todo lo que una productora debe odiar, saltos temporales, diálogos políticamente incorrectos, mundos paralelos, personajes de otras obras, flashbacks tan largos como un libro y ni siquiera es una de las obras mas conocidas o mejor vendidas del autor (es mas, parece una obra destinada a ser un chiste interno con el fan). Nadie hubiese adaptado la Torre Oscura y la prueba es que nadie lo hizo. Solo hay una razón que se me ocurre para haberlo hecho, y es la desesperada búsqueda de franquicias para explotar por el hollywood actual, que comienza ver como el cine de spiderman acusa agotamiento.

Aquí entramos en los dilemas de cualquier adaptación. A ese respecto no soy un talibán de la fidelidad, me basta con que una adaptación o bien respete el espíritu de la obra sin hacer concesiones gratuitas, o bien sea una reinterpretanción tan cojonuda que supere la obra original. Ejemplo de adaptación que respeta con fidelidad el original y lo engrandece, El nombre de la rosa. Ejemplo de adaptación que tira por otro camino pero que respeta la esencia (intrigas palaciegas y espadas), Juego de Tronos, Ejemplo de adaptación que no respeta el original pero que es una obra maestra en si misma, El resplandor. Ejemplo de concesiones idiotas y gratuitas, poner a Blanca Portillo como Bocanegra (vale, toda la película es un mojon). Cine o televisión son caminos narrativos diferentes a los libros, y hay limitaciones que no existen en un texto. Por ejemplo, contratar mas temporadas a Ciarán Hinds es mas caro que contratar por mas temporadas a Kristofer Hivju

Por lo inadaptable de una saga tan bastarda y poco consistente hasta el lector más optimista de la Torre esperaría licencias narrativas, y puesto que al único actor capaz de interpretar a Roland se le ha pasado el arroz hace décadas igualmente la decepción con la elección era anticipable. Del trailer recién estrenado se puede decir que las perspectivas más nefastas se ven confirmadas. Elba, uno de los mejores actores del momento, no tiene nada que ver con el pistolero, con su hieratismo, con la nobleza impertérrita de un hombre encadenado a una obsesión debe desprender. El mundo de la torre tiene mas que ver con el escenario de la ultima aventura de los X men que con el de las novelas. Queda ver si, y seria una sorpresa, la nueva torre presenta algo diferente a la original, de no ser así, habrá que preguntarse si le merecía la pena a King vender su alma por unas perras o si tanta era el ansia de llevar la torre a la pantalla aunque eso sea la torre.

Written by Anónimo

mayo 9, 2017 at 9:58 pm

Juego de Tronos 1-5

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La relación del lector serio con la literatura fantástica de corte medieval siempre ha estado muy definida. El Hobbit y El señor de los anillos son de obligada lectura. El Silmarillion, C.S. Lewis y alguno mas se consienten (este último como literatura infantil). Más allá de eso todo son recelos, mejor mantenerse alejado. Como le aconsejaron a Tolkien en su día: quienes leen este tipo de novelas son tipos solitarios, retraídos cuya concepción del sexo comienza y termina en la autoexploración.

Esta desconfianza, como sucede con otros prejuicios estaba muchas veces justificada. La literatura de espada y brujería rara vez trasciende de la acumulación de tópicos o de dar vueltas alrededor de Tolkien, cuando no sirve (o servia en otras épocas) de pretexto para ofrecer al lector contra el que advertían a Tolkien porno soft entre princesas virginales o brujas turgentes y guerreros musculados. Así fue durante años hasta que al mercado editorial le llego la misma conversión que a otros culturales y el dinero pasó a ser el único criterio.

Cuando las editoriales pasaron a ser empresas y a regirse por pedestres criterios de rentabilidad, gente que en otro tiempo hubieran sido objeto de mofa de atreverse a pretender que una empresa distribuyeran sus obras han pasado a ser los que parten el bakalao. Atendiendo a lo que ofrece el mercado y las obras que lo acaparan, hay cosas impepinables, como el buen funcionamiento de trilogías, sagas y series varias, así como la robusta demanda de ficción fantástica. Harry Potter puede considerarse pionero en lo de dar el salto al main stream de tantas otras que han venido después, Crepúsculo, Juegos del hambre, Divergente, el Laberinto etcetc. Incluso una ama de casa aburrida expulsada de los foros de Crepúsculo por escribir relatos picantones terminaría en el olimpo con una obra cuyo vocabulario no supera las 1000 palabras y que ofrece tanta estimulación en lo literario como en lo sexual (20 sombras), que importa, vende.

Juego de Tronos no se salta ninguna de las normas establecidas y por tanto encontramos todos los tópicos del genero. Es un culebrón medieval de intrigas palaciegas y batallas con toques fantásticos, un los Tudor con dragones aunque Martin sea más pacato de lo habitual con el tema tetas. Como en todos los culebrones desde Cristal los buenos las pasan putas y son azotados por un destino impío durante la mayor parte del tiempo y malos en contraposición se lo pasan piruleta hasta que al final se invierten las tornas y les llega su castigo. En la Canción de hielo y fuego encontramos personajes arquetípicos vistos mil veces en la historia de la literatura (el bastardo que llega a rey (comandante), la doncella de noble cuna que en cambio quiere ser guerrera, el don Juan crápula arrepentido, el tullido que sale adelante gracias a su ingenio, el gordito cobarde que se ve obligado a ser valiente.
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También hay giros argumentales, buenos que parecen malos, malos que van de buenos (en especial algunos protagonistas, otros son tan planos como una loncha de mortadela), personajes que no son hijos de quien pensábamos, personajes que han sido elegidos por el destino.. etcetc todo narrado de manera correcta en lo estilistico pero con un maestro manejo del cliff hanger y un gusto por el sacrificio de personajes que se ha hecho marca de la casa (tampoco original poner a alguien a entregar la cuchara siempre epata lo suyo).

Al éxito de Canción de hielo y fuego ha contribuido un clima propicio a este tipo de obras, de nuevo, contra las plañideras literarias es evidente que hay un gran público que demanda ficción en vena, pero, sin duda, lo que la ha proyectado es ese maridaje con el mundo de las series y como mencionaba, esa narración que cualquier seriefilo reconocerá desde los primeros capítulos. Un vistazo al curriculum del autor sirve para rebajar la sorpresa, ha sido guionista durante una década y de hecho guioniza la propia serie.

Estilisticamente por desgracia no brilla aunque sea un detalle menor o, sospecho, sea algo que se la trae al pairo al autor. En versión original provoca la incomoda sensación de estar leyendo un inglés viejuno del todo a cien, como seria el castellano del siglo de oro interpretado por un alumno de la eso. Dudo que nadie se detenga a subrayar dos líneas seguidas, o se pare con la mirada perdida saboreando un párrafo que destaque por su poética o por su épica, olvidarse de reflexiones profundas o de sesudas disquisciones, de lo que se trata es de quemar páginas hasta el siguiente uyuyuyuy  hasta el final en que posiblemente uno de los personajes sea fuego, el otro hielo (canción de hielo y fuego) o bien uno sea ya ambas a la vez, viendo quienes son los personajes que cuentan con la simpatía del autor no debería ser complicado adivinarlo y consiga conjurar el mal.

Los tres primeros volumenes, adaptados de manera bastante literal en la serie, son posiblemente lo mejor de la serie (al menos hasta ahora) ignoro si el objetivo inicial de Martin era una trilogia, pero si me atrevería a decir que los tres primeros forman un bloque bastante pulido que funciona bien y que, por desgracia, marcan un nivel que los siguientes no consiguen mantener. Y es que a partir del cuarto la cosa cambia cosa mala, (el cuarto, cuya narración sostienen personajes de carisma discutible es posiblemente el peor de los cinco) de repente uno se descubre leyendo con el piloto automático activado por si salta la liebre, pero sin que la narración tenga el suficiente punch.

Esto sucede por un problema básico de desborde (común a series de televisión que estiran sus tramas en función del éxito de las primeras temporadas), da la impresión de que el autor pierde las riendas de la criatura, se acumulan tramas y personajes poco relevantes o incluso directamente innecesarios (a veces meras listas, el caballero de la gallina, cuyo blason es una gallina corriendo por un campo añil, el caballero de la escoba, cuyo blason es… si, una escoba.. párrafos a capón), al tiempo que hay conflictos que se presumen claves solucionados de manera gratuita o torticera igual que personajes con cierto contenido de los que se prescinde y otros a los que se le pierde la pista.

Claro que a estas alturas, y después de haberte metido varios miles de páginas para el pecho no te queda otra que seguir a ver como termina la función, pero por desgracia muchos de los defectos presentes desde el comienzo se hacen molestamente presentes y difíciles de obviar.

En definitva, un producto bien perjeñado (sobre todo en su comienzo) que no engaña y que ofrece justo lo que promete, pero poquito mas, no es lo mejor en fantasia medieval, pero si es un producto asimilable por el gran publico, asi que sepa a mucho o poco, resulte nutritivo o no, eso ya irá mucho en función de los apetitos de cada cual.

Written by Anónimo

marzo 7, 2017 at 11:27 pm

Las aventuras del bebedor de Pepsi.

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Como muchos de mi generación descubrí a Mendoza con El misterio de la cripta embrujada. Incluso para un lector aficionado, uno se aventuraba en la nueva propuesta de la profesora de literatura (Amelia se llamaba) con cierto recelo tras las apreturas de la primera lectura, una de las más accesibles obras del no obstante decimonónico Unamuno, La Tia Tula (subtitulada en algunos países como Parto sin dolor). Siguiendo un plan diseñado por una mente consciente o bien por un mono borracho demente, uno no simplemente no sabía que podían deparar las lecturas programadas del bachillerato.

El misterio cumplía todo lo que una obra debe proponer a los adolescentes para engancharlos en la lectura. No dolía, era de lectura sencilla, divertido con cotas de hilaridad, con sus notas procaces y además el protagonista era un guarro, había peras y vellos púbicos femeninos (no eran aquellos los tiempos del xvideos). Por supuesto y para salvaguardar las espaldas había un tema y un trasfondo que servía de coartada para que los profesores de literatura no se sintieran culpables del todo.

Por las mismas virtudes que destaco hoy más de un padre lo impugnaría como lectura no adecuada para su retoño, pero como digo, aunque sospecho que no era lo que Mendoza tenía en mente la escribirlo, El misterio de la cripta embrujada era un perfecto gancho para el lector adolescente, de mi generación cualquiera reirá si le gritas “corre, que te persigue un sapo”.

En mi caso al menos cumplió su función. Con el tiempo fui leyendo todo lo que había o iba saliendo de Mendoza, incluso pestiños como Gurb que me temo ha quedado como algo anacrónico que llevaría muy mal una lectura contemporánea (en descargo, no fue concebido como novela) hasta prácticamente Mauricio o las Elecciones primarias. Este era ya un libro fallido por muchos motivos, no solo telegrafiaba de manera obscena sus intenciones, además no resultaba especialmente destacable en ningún sentido, ni siquiera era particularmente entretenido como si el propio autor no estuviese demasiado convencido o se embarcara en él con desgana. Su poco rendimiento comercial, según Mendoza, le hizo cerrar un capítulo, el de la literatura con pretensiones, para dedicarse a lo divertido. Al fin y al cabo, requiere menos tiempo, se vende al mismo precio y se lo pasa bien uno en el camino.
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El efecto colateral es que las aventuras del detective anónimo protagonista de El misterio de la Cripta embrujada han ido engordando. En honor al Cervantes me hice el propósito de leer las dos ultimas (El enredo de la bolsa y la vida y El misterio de la modelo extraviada). Puede que a priori esta lectura por lotes no parezca un tratamiento justo, pero no creo que merezcan otro mas deferente.

Sucede con la serie del bebedor de pepsis lo mismo que sucede en otras cuyo éxito comercial las condenan a alargarse hasta el infinito (por ejemplo, Torrente). La primera contenía las virtudes anteriormente mencionadas, fácil lectura, entretenida, divertida, giros ocurrentes, personajes pintorescos, sin embargo, aunque disparatada, buena parte del disparate era plausible, o no tenia uno que sofocar con una almohada el sentido critico para tragársela y sobre todo, dichos elementos servían de soporte para la sátira o la critica social.

Con el paso de las entregas Mendoza, (como Segura con su criatura) se ha ido quedando con la parte superficial, los gags, las ocurrencias, el chascarrillo, los personajes disparatados, pero el manto que soportaba todo eso ha adelgazado tanto que ha desaparecido al punto que lo que pudo verse como parodia o contrapunto a Carvalho, ahora mismo es poco más que un Mortadelo y Filemon de los 80 novelado.

La cosa sigue siendo entretenida, se sigue leyendo bien, uno sigue encontrando en su prosa rastros del gran escritor que es Mendoza, pero la sensación general es que todo ha degenerado, algunos chistes son viejunos y otras situaciones, aun dentro del contexto de la parodia, anacrónicas o inverosímiles por demás. La misma Barcelona que servia de trasfondo a las aventuras del protagonista ya ni siquiera funciona como caricatura de la Barcelona actual o como marco para la critica política, ha sido sustituida por un escenario de cartón piedra pintoresco pero demasiado alejado de la realidad como para servir a cualquier propósito critico y donde se engarzan situaciones cómicas en torno a una trama del chichinabo.

Mendoza tira descaradamente a lo sencillo, dejando una amarga sensación a talento desperdiciado o poco aprovechado y la incomoda cuestión, ya en términos más amplios, de lo que pudo haber sido.

Mendoza

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Poco después de conocerse la concesión del Cervantes a Mendoza leía un comentario de un lector que lo consideraba buen escritor, pero no una figura intelectual de talla alguna. Comentarios así evidencian hasta que punto la figura del creador cultural se confunde en España con la del tipo de que da la chapa a la menor, hasta el extremo que muchas veces uno piensa si el fulano de turno no sigue publicando o sacando discos más por tener la oportunidad de darnos la paliza con sus opiniones que por otros motivos.

Mendoza no se arroba de una impostada superioridad moral o intelectual para pontificar, ni transmite la sensación de haber descubierto la penicilina con cada una de sus frases. Al contrario, sus entrevistas, como su obra, carecen de esa impostura: para lo bueno y lo malo son accesibles al público general, lo que no quiere decir en absoluto que carezca de hondura intelectual o que sus libros sean entretenimiento de sala de espera. Esta naturalidad destaca a alguien único en su especie.

Más cuando repasando su producción nos encontramos con varios títulos que podrían figurar sin ningún problema en la lista de los mejores libros en castellano de la segunda mitad del siglo XX. Mendoza no solo parece buena persona (no tengo el gusto), además cuando se lo propuso fue uno de los mejores escritores de los tiempos recientes en España.

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Ese tiempo pasado quizá sea el pero de su carrera (cuyo merito está fuera de discusión), a alguien que fue capaz de sacarse del sobaco libros como La verdad del caso Salvolta o La ciudad de los prodigios (que se mea en el pecho de todo lo que haya escrito Zafón) lo único que se le puede reprochar es que no nos diera otro par de obras de ese nivel, tarea nada sencilla, pero a su alcance.
En su lugar se puede adivinar y se le puede criticar cierta autocomplacencia, acelerada tras la tibia acogida de su última obra “seria”, Mauricio, un libro torpe y fallido dónde no solo se ve la tramoya sino que tampoco consigue sus objetivos y tras el cual parece haberse dedicado a tareas mas mundanas como continuar las aventuras del anónimo detective desquiciado con quien la mayoría descubrimos a Mendoza, pero cuya prosa ha perdido frescura y vigencia (imagino que transmite la misma sensación que cuando un niño de 10 años lee un Mortadelo de los 70).

Considerando que un entretenimiento menor de este tipo puede venderse mejor y al mismo precio que otro tipo de obra de mas enjundia, por mucho que nos pese, no podemos culparle de querer vivir de manera placida disfrutando del oficio. La alternativa que da el mercado es marcadamente peor: escribir bien y vender poco persiguiendo cierta trascendencia es poco rentable y seguramente algo frustrante.

La vertiente ligera de Mendoza, con la que finalmente se ha quedado, carece de la amplitud o carga de profundidad de Vonnegut (por poner una de sus referencias), ni está a la altura de su mejor versión, ni supongo que es lo suficientemente buena para merecer un Cervantes, pero no hace sino confirmarle como un gran tipo que no se toma nada con especial trascendencia. En cualquier caso, merecido reconocimiento.

Written by Anónimo

diciembre 1, 2016 at 10:09 pm

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