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Cuando la araña maulla

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Cuando la marca que gastas de galletas o chocolatinas o cualquier otro producto anuncia que va a cambiar el envoltorio de sus productos, lo recomendable es comprobar que el cambio no haya supuesto un adelgazamiento de la chicha. Suele ser uno de los trucos más viejos del libro, el paquete tiene otro diseño, ocupa lo mismo, pero se han perdido 100 gr por el camino sin reducción de coste asociada.

Los periódicos no son otra cosa que productos, y también la metieron doblada cambiando información por opinión. La multiplicación de medios, la disminución de los ingresos tanto por venta como por inserción publicitaria y la conveniencia están detrás de la explosión de la opinión, como el aceite de palma, es tan barata y tan versátil que cuesta encontrar productos que no lo incluyan.

La ventaja de opinión ya se ha comentado, es maleable, flexible y puedes contratar a tus amigos. Por ejemplo, si eres el jefe de la redacción y un poco culé al día siguiente de que el Madrid gane la copa de Europa puedes decirle a otro culé que hable de que los triunfos deportivos no ocultan el perfil mafiosillo de Florentino. Si, estas admitiendo y recogiendo el hecho noticiable y no se te puede acusar de faltar a la verdad, pero lo haces para darle el enfoque que te sale del cipote, que es lo que cuenta, todo ello a costes bajos. Además la opinión fideliza mas que la monda y lironda realidad, el lector entra a leer a quien le cae bien (que viene a ser el que piensa como el) o al que repudia (lo contrario) mientras que la información pura y dura es eso, información, incolora, insabora e insípida.

Esta profusión ha traído una cierta democratización al asunto. No hay tanto personaje con opiniones reseñables como para llenar todo, por eso aparecen perfiles de todo tipo, desde presentadores de televisión a músicos ni siquiera de primera fila, como las narices sobra decir, todo el mundo tiene una. Si antes competían gentes ilustres que salvo excepciones sonadas procuraban no pisarse la manguera, ahora se pone a competir a profesionales consagrados con advenedizos o gente de perfiles mucho menos nobles sin que los primeros necesariamente ganen, muchas veces ni tienen opiniones más interesantes o ni siquiera se expresan mejor.

Otro efecto derivado es la necesidad de llamar la atención. Ahora, a diferencia de cuando eramos analógicos, no basta con ser Don Fulano, ganador del premio literario de la piruleta, para que la gente te haga caso. Ahora puedes publicar algo y comprobar en poco tiempo el grado de respuesta y si no interesas, no interesas, puedes tener un curriculum florido, pero si no generas clicks tarde o temprano tendrá consecuencias, ya no hay barra libre para la disciplente intrascendencia.

Una de las herramientas para el opinador attention whore que ya comentamos es el sostrismo, es decir, la gañanada con efecto, que no deja de ser una forma de la provocación. Otra forma de provocación igual de fácil es meterse con colectivos de tradición beligerante, de los que sabes que van a responder y que van a encontrar otros opinadores que entren al trapo para montar un circo mediático con tuiters para arriba y para abajo de defensores y atacantes. Para lograr alboroto solo hay que meterse con feministas, gays, amigos de los animales, veganos o atentar contra la razón y defender que las vacunas generan autismo si a uno no le importa exponerse como idiota en el proceso.
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Lo importante es que cuanto mas activos sean los grupos a quienes pisar el juanete mejor. Por supuesto uno no puede caer en el insulto simple, debe exponer, de manera más o menos razonable, una postura que admite como políticamente incorrecta, pero fundamentada. Incluso la opinión puede ser perfectamente valida y cierta, pero entonces para lograr el efecto hay que seleccionar el momento en el que lanzarla antes de sentarse y disfrutar de la algarabía generada en medios y redes, que, al igual que la lucha libre, o las riñas de telecinco, no dejan de ser ficción, carecen del menor efecto en el mundo real y que solo sirven para mantenernos en estado de permanente cabreo inofensivo (distrayéndonos eso si de otras cuestiones de mas enjundia).

Un ejemplo lo tenemos esta semana con Marias, a quien se le ve ultimamente bajando demasiado al lodo como para pensar que son torpezas casuales y que parece querer apropiarse de otro termino de moda, pollavieja cuestionando la calidad literaria de Gloria Fuertes. En primer lugar no existe un baremo preciso para medir la valía literaria de nadie, menos aún si hablamos de poetas por lo que cualquier intento de rebatir estará condenado a ser inútil. Pero estoy de acuerdo en que Gloria Fuertes no jugaba en la liga de Miguel Hermandez o Rosalia de Castro. Mi argumento es simple, si hay una cosa jodida de ocultar, menos en un personaje público aunque se escude en una caricatura, es el talento: si Gloria Fuertes hubiera sido la polla en la poesía (observese mi poderío literario), simplemente nos habríamos enterado. La búsqueda de talento literario en gente insospechada es un deporte tan practicado que se ha llegado a encontrar en alguno que ni lo había olfateado.

Por tanto coincido con Marias, nadie le hizo luz de gas por su condición de mujer o lesbiana o ambas. Pero que eso me parezca evidente, no quiere decir que me parezca relevante, quiero decir, ¿cual es la necesidad de señalarlo? ¿que gana diciendo Marias que Fuertes era una poeta de segunda?, ¿tanto le escuecen los halagos que esta recibiendo en su centenario? ¿Se imaginan a Cristiano Ronaldo diciendo que Carmelo era un futbolista mediocre?, e hilamos más fino, ¿cual es la necesidad de opinar sobre ello en un clima de feminismo enfurecido que el mismo ha atizado y en la semana del orgullo gay?, y en las respuestas a esas preguntas todo queda clarificado, el sabrá si es mero entretenimiento mezquino o la cosa le sale a cuenta.

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Written by Anónimo

junio 26, 2017 a 10:18 pm

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