Memoria de mis putitas japonesas
Vaya por delante, el personaje Dragó me parece estomagante, es pseudoprogre, pseudoprovocador, snob, pedante, mediócre pensador, posiblemente mala persona y lo que es peor, mal, muy malo, escritor. Me parece inaudito que haya mantenido su programa amparado en el paraguas del Aguirrismo, y no por los defectos que le achaco, sino por el mismo motivo, por malos.
Con esta introducción espero que haya quedado claro que no me iria de cañas con este personaje, uno de tantos que viven de la teta de quien manda amparados en una ‘labor cultural’ y que no volvería a leer un libro suyo aunque el destino de la humanidad pendiera de ello.
Ahora bien, me repugna absolutamente como se ha sacado de madre el rollo de las japonesas. Primero, si ocurrió, fue en los 60-70, y por aquel entonces el Sr. Dragó tenía unos 20. Una relación entre una adolescente y un 20 añero, si hay consentimiento, es tan sana como cualquier otra. Incluso el tono en que está narrada, unas zorritas se me trajinaban, me parece el correcto y apropiado para hacernos una idea cabal de la catadura del personaje, pero no me parece punible desde ningún punto de vista salvo el literario.
Dicho lo cual, toda la avalancha de acontecimientos (retirada del libro, cancelaciones de conferencias, etcetc) me parecen signo de absoluta idioticia, una confirmación del Mundo Idiota que vivimos, que un señor se tenga que excusar de algo que no es punible y que hizo hace 30 años, y en ello incluyo, como el caso Reverte, las interpretaciones partidistas.
Curioso el caso de la Sinde, que lo censura, si tu, amiga Sinde, que patrocinaste el latrocinio de la SGAE, estas para censurar nada.
Por último señalar el agravio comparativo con el libro de García Marquez, Memoria de mis putas tristes, (otro tostón, como todo Garcia Marquez salvo 100 años y alguno más), dónde un octagenario quiere procurarse una virgen que le satisfaga pago mediante. Seguro que los mismos imbéciles que ahora ladran lo tienen en sus estanterías.
