Hubo un momento en el concierto de U2 en que uno no sabía a que suerte de liturgia asistía. Bono enlazaba los grandes (viejos) éxitos, con una ración de sermones sin fronteras entreverados y sin el menor sonrojo. Así, los proletarios del sentado ejercitabamos los muelles de la rodilla. Toca Sunday Bloody Sunday, en pié, toca hablar de los oprimidos, nos sentamos. Así en rutina y tenemos el efecto mencionado, pero que diablos, esto es irlanda no?
Yo recordé un artículo de Javier Marías, quien como novelista, dicho sea se paso, me interesa más bien poco. En él Marías criticaba las campañas solidarias que pretenden hacer caja a costa de hacer sentir mal al persona. Es ese tipo de ideas que en un principio chocan, ¿criticar a una ONG (lo siento, no tenemos ningúna empresa con ese nombre)?, y con las que hay que hilar fino para no cagarla. Y Marías tenía más razón que un santo. Pongamos el ciudadano medio que tiene su trabajo de mil euros, de los cuales un alto porcentaje se va en hipoteca-alquiler, coche, comida y demás historias que nos hacen falta para vivir, que llega a su casa, pone la tele para olvidarse del retramongol de su jefe o de vete tu a saber que, y aparece una tipa con la cara quemada haciendole sentir como un hijo puta por no donar una cantidad al mes.
Marías argumentaba que resulta un poco obsceno tratar de exprimir al superviviente del diario insinuandole su hijoputez insolidaria. Es más o menos el argumento general recaudatorio de las ong. De hecho el ciudadano ya hace algo por esas causas. Paga impuestos. Estoy seguro que un alto porcentaje de la población estaría de acuerdo en destinar fondos a estas causas, en lugar a las causas de los políticos, por no hablar de derechas e izquierdas, de esas ‘cenas de representación’ de utilidad-finalidad difusa (y lo que es mejor, x las que no tienen que dar explicaciones a nadie), o esas pensiones vitalicias que te ganas en unos años de un escaño en el que no posas el culo ni para que se conozcan. Pero por ahí no ataca nadie.
Económicamente, dejar al ‘mercado libre’ de las ongs la recaudación de los buenos sentimientos tampoco es una opción optima. Prima las mejores campañas recaudatorias, pero no las más justas, o las más necesitadas, por no mentar la poca transparencia que el destino de los fondos ofrece en muchas ocasiones, como desgraciadamente se ha demostrado en más de una ocasión.
Así y todo, y volviendo a U2, en una de las sentadas me dió pensar en la cantidad de gente que dentro del circulo mágico de los 360º había pagado un mínimo de 250 leuris por estar alli, el resto a más de cien por barba, y el resto hasta completar los 70.000 almas. Así por tres días. Y todo adquiere otra perspectiva. En esas condiciones, cualquiera es solidario, o se clava a una cruz, o se decolora la piel. Hay que entenderlo.
Por cierto, no tocó lemon. Ojete!!!.






